LA actitud de los tres concejales de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Mondragón de no sumarse a la exigencia de dimisión de la alcaldesa de ANV (proetarra) si no condenaba la violencia terrorista no puede tildarse de incalificable. De hecho, Gaspar Llamazares la ha calificado: los tres ediles tienen la sensibilidad de una almeja, o sea, ninguna, ha dicho.

Que una alcaldesa siga tan pancha en su cargo después de que uno de sus compañeros de corporación (Isaías Carrasco, socialista) haya sido asesinado por ETA a las puertas de su casa sin que de los labios de ella haya salido una sola palabra de condena, o siquiera pesadumbre, revela el grado de pudrición moral y cívica alcanzado por el nacionalismo radical vasco. Quiere decir que a esta señora le parece normal que sus adversarios políticos sean exterminados por sus ideas.

Lo raro es que partidos democráticos como el PSOE y el PNV hayan querido ofrecer a la alcaldesa una oportunidad, otra más, de pronunciarse contra el atentado. Es decir, otra invitación a dejar de ser lo que es: una servidora política del terrorismo. En vez de plantearle directamente una moción de censura para que la individua sea apartada del terreno de juego reservado a los demócratas -no por nada, simplemente porque ella ya se apartó-, peneuvistas y socialistas todavía la invitan a desvincularse de la banda. ¿Hasta cuándo van a seguir sin querer enterarse de que ANV es el brazo político de ETA, como antes lo fue Batasuna, y Herri Batasuna, y Euskal Herritarrok...? Llevan treinta años haciendo lo mismo con distintos disfraces. En la innecesariedad de este paso intermedio antes de la moción de censura ha basado la concejala del PP su abstención de antier en el pleno de Mondragón, aunque personalmente no me parece bien que haya roto el frente de los partidos democráticos por una cuestión de método y no de fondo. Al final, ha coincidido con el concejal de EA y los dos de IU (el tercero votó en contra) que se desentendieron del emplazamiento a la alcaldesa filoetarra.

Tampoco estoy de acuerdo con la vicepresidenta Fernández de la Vega, que enseguida ha calificado de "indigno" el comportamiento de estos ediles por permitir que continúe al frente del Ayuntamiento de Mondragón una persona que ampara la violencia terrorista. Habría que recordarle que esa persona pudo presentarse como candidata a la Alcaldía y ser elegida por sus vecinos -¿quieren más pruebas de la podredumbre ética que aqueja a un amplio sector del pueblo vasco?- porque el Gobierno que vicepreside no impugnó la lista de ANV de Mondragón. Por motivos de oportunismo político, como demuestra el hecho de que sí impugnara otras muchas listas de ANV. Para darles una nueva oportunidad, otra, de ser lo que no son: demócratas y gente de bien.

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