La ventana

Luis Carlos Peris

Monumento ecuestre y con cachimba

INDUDABLEMENTE, el comercio de Sevilla no va a tardar en abrir una suscripción para el monumento a don Antonio Rodrigo Torrijos, ese prócer de la política que tanto sabe rentabilizar su cosecha en las urnas. Cosecha ínfima de votos con resultado de poder omnímodo la de este prodigio de la política municipal al que el sufrido pueblo de Sevilla conoce, más que nada, por sus caprichos dictatoriales y por ser un hombre a una pipa pegado, pipa de fumar se entiende, no de ninguna otra clase. Y don Antonio se ha convertido en martillo de comerciantes, sobre todo de los del centro. Éstos, los comerciantes, han recibido la última regalía del prócer comunista con el pendulazo de negar lo que proponía cuando su campaña electoral, la videovigilancia de las calles del centro para que haya algo de seguridad, algo aunque sea. Y ahora me consta que no saben estos comerciantes a quién encargarle el monumento, cachimba incluida, claro.

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