Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Morán

EN 1959 se comienzan a emitir los primeros dramáticos, las primeras ficciones, en TVE. Debían ser producidas en riguroso directo porque hasta tres años después no se compró el primer videotape, una mastodonte con el que se editaban las grabaciones a través de las líneas de sonido, a ciegas. Ya en aquellos años de memoria sin red, de auténtico teatro ante la pantalla de casa, un cordobés, Paco Morán, embelesaba a los primeros espectadores de la cadena pública. Con Guerrero Zamora, con Pedro Amalio López o con el también recientemente fallecido Gustavo Pérez Puig, el versátil Morán se adaptaba al drama, a la comedia e incluso daba vida a la aventura, en los pocos metros cuadrados del Paseo de la Habana, con el mismísimo Marco Polo. En uno de los tesoros de la historia de TVE, el premiado Historias de la frivolidad (1968) de Ibáñez Serrador, las perfiladas facciones del actor sirven en bandeja la carcajada en uno de los sketches. Era uno de esos queridos vecinos del cristal, un curtido profesional de la interpretación que convirtió al teatro de Estudio 1 en el programa favorito de la España de otra época.

En los 80 encontró el cariño del exigente público barcelonés, que lo hizo suyo, y ya no dejó los escenarios catalanes, en especial con la comedia, donde este andaluz era considerado un maestro, un icono, en una tierra mucho más generosa de lo que los clichés, y sus políticos, la suelen manchar.

Paco Morán tenía cara de risa y en una de esas escapadas de los escenarios de Barcelona recaló en la Segunda Cadena, en La casa por la ventana con Alfonso Arús, en un espacio que entretejía el concurso con la telecomedia y donde debutó en televisión el guarrete del Señor Barragán. Uno de aquellos programas que preparaban a TVE para la lucha directa con las cadenas privadas. Pero Morán era uno de esos actores que no tenían competencia.

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