Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Morbo de filial contra asfixiado

El partido de esta tarde en Nervión no parece proclive a esos amaños tan frecuentes entre hermanos norteños

ARRASTRA una considerable dosis de morbo el partido entre el filial del Sevilla y el Málaga esta tarde en Nervión, pero que una barbaridad de morbo. Si en vez de estar a este lado de Despeñaperros viviésemos al norte del Ebro no habría duda. Sería un dos en todas las quinielas del orbe futbolístico. Enseguida iba a perder el Málaga este partido si en vez de ser el Málaga fuese el Alavés y si en vez de jugarse en el Sánchez Pizjuán se anunciase en San Mamés o Lasesarre, en el Reyno de Navarra o en el campo del Arenas de Guecho. No habría caso y el dos en la quiniela era un fijo como una casa en el boleto de la semana.

Pero ni se juega al norte del Ebro ni el Málaga, por poner un ejemplo, sólo por eso, es el Alavés. El otro día hasta extrañaba que el Recre ganase en Almería para dar un paso gigantesco hacia la salvación. Estamos tan poco acostumbrados a las ayudas entre andaluces, han sido tantas las heridas que produjo el cainismo que aquello nos sonó a una música desconocida. Aquí ha primado siempre lo de que me saquen un ojo si al vecino lo dejan ciego total y la verdad es que así debiera ser en todos los territorios patrios, con la deportividad de salir a ganar en perfecto estado y sin que haya terceros que puedan verse perjudicados por un corporativismo mal entendido.

Se juega el Málaga esta tarde mucho de su futuro a plazo inmediato y lo hace contra un rival que juega por jugar, que lo hace con la falta de presión con que juegan los filiales. Además, nada tendría de extraño que esos jóvenes y buenísimos futbolistas que juegan sin obligaciones perentorias salgan estimulados por una de esas primas que, dicen, circulan por la categoría desde hace más tiempo del debido. Y si, además, el Sevilla se verá sustanciosamente beneficiado económicamente en caso de ascenso de la Real por los efectos colaterales de la cesión de Martí, no cabe la menor duda de que los apaños se contemplan muy remotamente, no como se ven al norte del Ebro.

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