El balcón

Ignacio / Martínez

Morirse de civil

RESULTA que morirse por lo civil en Málaga es más caro que hacerlo por la Iglesia. Más caro, entiéndase, en euros; no hablamos del fuego eterno. Los socialistas han denunciado que el precio de una sala para una ceremonia civil en Parcemasa es de 50 euros; dos veces y media más de lo que se pide por una capilla en la que oficie un sacerdote de la Iglesia católica. Reclama el PSOE tarifa única, lo que tiene toda la lógica.

Pero la concejal del ramo no comparte este criterio. Considera la edil popular que no son cosas comparables, porque la ceremonia religiosa corre a cargo de la Iglesia, mientras que los medios audiovisuales y actos personalizados de las ceremonias civiles encarecen el producto. En fin, rechaza que haya discriminación por motivos religiosos o que se esté penalizando a los ateos. Y para zanjar la cuestión da un dato estadístico digno de estudio: sólo el 5% de estos actos fúnebres son ceremonias civiles.

El porcentaje es relevante. En España desde 2009 la mayoría de los matrimonios son civiles. Ahí la Iglesia ha perdido atractivo para los usuarios a manos de jueces, alcaldes o concejales dispuestos a casar a sus conciudadanos donde vayan a celebrar la boda. Pero a la hora de la muerte, la gente prefiere masivamente morirse por lo religioso. Es razonable establecer que es "por si acaso…", porque tampoco el precio es especialmente disuasorio. Lo que plantea la portavoz socialista en el Ayuntamiento de Málaga es más de fuero que de huevo, pero está bien traído.

En España, de toda la vida, el matrimonio único reconocido ha sido el canónico. Bueno, no de toda la vida, sino desde que Felipe II lo decretó en el XVI. Las únicas excepciones fueron los cortos periodos de las dos repúblicas. Hasta que, en los últimos años del franquismo, con la reforma del Registro Civil la gente se pudo casar por lo civil. Pero era una carrera de obstáculos: para empezar había que acudir a la parroquia y pedirle al cura un certificado de apostasía. Esto no resultaba ni fácil ni agradable: porque el párroco no lo daba gratis. Era de balde, porque no costara dinero, pero los osados se ganaban una buena reprimenda antes de conseguir el escrito. Y después en los juzgados el papeleo, los trámites y las entrevistas previas se hacían eternos y disuasivos.

A veces asistimos a episodios que recuerdan aquellos tiempos. No son hechos aislados, ni banales: esta semana el Boletín Oficial del Estado [martes 24 de febrero, página 15742] explicaba la existencia de Dios, en la resolución del Ministerio sobre la asignatura de Religión Católica que se impartirá en la enseñanza primaria y secundaria.

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