Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Motín de la 'Armada'

LOS jugadores de la selección nacional de Copa Davis le han declarado la guerra al presidente de la Federación Española de Tenis. Desde que en los años 80 José María García le puso la proa al presidente de la Federación de Fútbol de la época, Pablo Porta, no habíamos tenido federativos tan polémicos. Por ejemplo, el tenístico Pedro Muñoz o el balompédico Ángel María Villar. Con la diferencia de que estos de ahora le echan la pata a aquel presidente vilipendiado por el popular Butanito, que le llamaba una noche tras otra Pablo, Pablito, Pablete. El aludido presentó varias querellas y se marchó. Contado por García, Porta parecía un presidente eterno, que se negaba a irse, agarrado a su sillón. Pero el buen hombre estuvo nueve años, menos de la mitad de los 20 que lleva Villar, que ha sobrevivido a escándalos diversos, y no hay quien le eche ni con agua caliente.

Villar ha sido protagonista reciente en Andalucía por su empeño en dar un castigo ejemplar, que cortara de raíz las agresiones del público a los jugadores. Loable intención. Lo malo es que evitó a un grande para tamaña proeza. No se atrevió a cerrar el Camp Nou, clausurado por dos partidos por la lluvia de mecheros, bolas de billar o de golf, teléfonos móviles, botellas y hasta una cabeza de cochinillo contra el ex jugador barcelonista Figo, que visitaba el estadio con el Real Madrid en 2002. Prefirió al Betis para iniciar la nueva era de severidad. No es injusto que cerraran el Villamarín por el botellazo al portero del Bilbao, pero sí lo fue impedir que se jugaran los veinte minutos que quedaban de partido. La última de las hazañas de Villar ha sido fumarse un puro con el decreto gubernamental que obligaba a todas las federaciones a celebrar elecciones en el primer trimestre del año. Y se ha salido con la suya.

Esto de los imperios no es sólo un mal español. A Primo Nebiolo, el presidente de la Federación Internacional de Atletismo, se le conocía como El Padrino, y era capaz de conseguir una medalla en unos campeonatos del mundo para un saltador de longitud italiano. En fin, hay quien califica a Pedro Muñoz como el Jesús Gil de la raqueta. O sea, un émulo del Padrino de Burgo de Osma. Le promete a los tenistas españoles que la semifinal contra Estados Unidos se jugará donde ellos crean que tienen más posibilidades de ganar. Le contestan los Nadal, Ferrer y compañía que a nivel del mar, y haciendo oídos sordos se dispone hoy a designar a Madrid, porque supone más ingresos. Los tenistas le han dicho de todo menos bonito; por ejemplo, dictador, caprichoso y manipulador. Pedro Muñoz es el primer presidente no catalán de la Federación en toda su historia, después del fundador que fue un vasco. Y quiere dejar huella en su tierra, asegurarse la reelección y hacer caja. Sobre ganar supongo que opina lo mismo que el barón de Coubertain, que lo importante es participar.

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