Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero / Infante / Caballeroinf@hotmail.com

Mucha mierda

Adon José el término parafarmacia no le gusta porque lo considera feo y disperso. Para el público refiere unos establecimientos que, aun regidos por farmacéuticos titulados, sólo dispensan, obligados por la legislación vigente, una gama de artículos que a veces se alejan de la razón prístina de la profesión farmacéutica.

También se emplea, coloquialmente, en el movimiento diario entre almacenes de distribución y farmacias, refiriendo con ella productos muy diversos que a veces están en las antípodas de la función sanitaria de las boticas.

Una viserita de plástico para que no caiga champú en los ojito de mi niño dista mucho de una sonda vesical o una bolsa de ostomía.

Hoy el boticario ha podido realizar una labor sanitaria y social, gracias a la parafarmacia, al recibir la visita de una mujer joven a la que conoce desde hace tiempo.

Se trata de Silvia. Esta chica estaba estudiando danza y arte dramático cuando la aparición de una colitis ulcerosa que derivó en una enfermedad de Crohn la ha marcado socialmente.

De su dolencia, en vías de curación, sólo le queda la angustia residual de la bolsa de ostomía que ha de usar por una temporada.

Don José, en el transcurso de la conversación mantenida en su despacho, ha ido ganando su confianza.

-Mal que bien voy tirando, pero desde que me ha aparecido esta especie de alergia al borde del estoma me he venido abajo.

-¿Te has rasurado?

Pilar reconoce que, aunque le habían advertido lo inadecuado de esta maniobra, no pudo evitarlo viendo que con las tijeras no era suficiente. La futura artista no puede evitar su tendencia estética a la perfección, de ahí que la utilización de la bolsa recolectora la haya hundido en una depresión. Como el boticario la conoce desde que era niña lo sabe casi todo de ella y por el camino del humor intenta reconducirla.

-¡Silvita… hija! Si los pelitos de que me hablas fuesen en el bigote… bien está, pero… ¡en un sitio tan tapado!

La chica reconoce que ha roto con su pareja precisamente por eso. No permite, por razones estéticas que no de pudor, que alguien pueda verla con la bolsa.

-Y menos aún que alguien pueda verme u olerme cuando la descargo. ¡Qué horror!

Pilar se ha impuesto un estricto plan alimenticio para que su detritus no sea más oloroso o produzca más gases. Ante este error don José le dice:

-¿Tú sabes lo que me decía mi mujer?

-¿Marisa?

-Sí. Que a mí, ni comiendo ensalada de jazmines, me dejaban de oler los cuescos.

Pilar se ríe y el boticario lo aprovecha.

-La bolsa elimina la posibilidad de los olores fecales que en una persona sana, ¡fíjate!, pueden, por falta de higiene, aparecer.

Pilar, ya más relajada y optimista, le da un beso mientras le dice en su obsesión por la ética estética:

-¿Quién me iba a mí a decir con los años y con lo que yo te he admirado de chica que iba a terminar hablando contigo de mierda?

-¡Oye, artista! Tú sabrás que, precisamente, los artistas nos deseamos suerte diciendo esa palabra. Así que nada de tonterías y… ¡mucha mierda!

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