LAS EMPINADAS CUESTAS

Amparo Rubiales

Mujeres honoris causa

LA Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander ha tenido la magnífica idea de clausurar sus prestigiosos cursos de verano con la investidura de cuatro mujeres como doctoras honoris causa, simbolizando en ellas la lucha de las mujeres por la igualdad y conmemorando también el centenario del acceso de la mujer a la universidad (1910).

Las mujeres reconocidas representan a diversos sectores de nuestra sociedad: María Teresa Fernández de la Vega, la primera mujer vicepresidenta del Gobierno de España y hoy la primera y única consejera permanente de Estado, Margarita Salas, científica eminente y académica de la RAE, como lo es la gran escritora Ana María Matute, la última en recibir el premio Cervantes, y la empresaria Rosalía Mera, cofundadora de Inditex y una de las raras mujeres que ha pertenecido a consejos de administración de empresas, mundo todavía de escasa presencia femenina.

Sólo dos de ellas pudieron tener estudios universitarios, pero las cuatro son excelentes por sus trayectorias profesionales y podemos sentirnos representadas en ellas; todas han conseguido la excelencia, a base de realizar esfuerzos suplementarios por su condición de mujer, pues por serlo tenían que demostrar, diariamente, que podían hacer muy bien la actividad a la que se dedicaban; malo era que un solo día se equivocaran. Su trabajo ha hecho mejor nuestra convivencia, y en los tremendos momentos que estamos atravesando, que nos provocan vértigo, y no saber a dónde nos encaminamos, todo está siendo ocultado por la crisis, y la igualdad de género especialmente; actos como este nos reconcilian y nos permiten, aunque sea por un instante, suspirar satisfechos/as.

En este contexto hemos sabido de la retirada de la política activa de Soledad Becerril, otra mujer de excelencia, con la que he compartido muchos años de trabajo político, desde posiciones enfrentadas, hemos discutido duramente, pero nos hemos respetado siempre, pese a nuestras grandes diferencias; de Soledad me separa casi todo, pero nos unen algunas cosas: luchamos en los mismos años, cada una con sus ideas, para que la democracia fuera posible en España, nuestro amor por Sevilla y hoy el descubrimiento de que ser abuelas nos rejuvenece y emociona.

Estas mujeres tan diferentes recogen la pluralidad de nuestra sociedad; no todas son o se sienten feministas, a alguna incluso le fastidia, aunque para mí lo son porque han contribuido en momentos muy duros a que podamos vivir en un mundo mejor; ellas han conseguido visibilizar que es necesaria la participación de la mitad de la humanidad, que somos las mujeres, para que la vida sea más justa. Gracias.

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