La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Música de Bach esculpida

¡Vedle! ¿Cómo? Como un cordero. Miradle. Por amor y clemencia Él mismo va cargado con su cruz

En la cumbre de cuanto el arte ha creado a lo largo de veinte siglos de cristianismo para expresar el misterio gozoso de la encarnación de Dios en un cuerpo humano, el misterio doloroso de su pasión y muerte, y el misterio glorioso de su resurrección, están Bach y Juan de Mesa, La Pasión según San Mateo y el Señor del Gran Poder. Escuchando La Pasión de Bach y contemplando al Gran Poder el creyente siente confirmada su fe, quien duda adquiere certeza y quien no cree intuye la conmoción de lo sagrado.

A poca sensibilidad que se tenga es tan imposible la escucha radicalmente atea o no sagrada de La Pasión de Bach, siquiera mientras dura su ejecución, como lo es la contemplación del Gran Poder. Alguna vez he citado al ateo Cioran: "Oyendo a Bach se siente germinar a Dios". Y a él se pueden sumar testimonios anteriores, desde el rabiosamente anticristiano Nietzsche ("Esta semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según san Mateo, del divino Bach… Una persona que, como yo, ha olvidado completamente el cristianismo no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios") hasta J. M. Coetzee ("La mejor prueba que tenemos de que la vida es buena y de que después de todo tal vez exista un Dios que se preocupa por nuestro bienestar es la música de Bach"). Lo mismo puede decirse -objetivamente, sin exageración sentimental o sevillanista alguna- de Juan de Mesa y de su obra maestra, el Señor del Gran Poder.

Anoche pisó el suelo de Sevilla. Hoy, por misericordia de su Hermandad, lo tenemos por primera vez en besamanos un Sábado de Pasión. No tres, sino cuatro días tendremos este año al Señor tan cerca físicamente de nosotros como espiritual y emocionalmente lo sentimos. Al verlo bajar me parecía que la música de Bach se hubiera materializado y que en la Basílica, mientras el tierno coloso herido descendía hasta fundirse con la Humanidad entera que le aguardaba, se oía el coro que abre La Pasión según San Mateo: "Venid, hijas, auxiliadme en el llanto. ¡Ved! ¿A quién? Al Amado. ¡Vedle! ¿Cómo? Como un cordero. ¡Mirad! ¿Qué? Su paciencia. ¡Mirad! ¿Dónde? A nuestros pecados. ¡Miradle! Por amor y clemencia Él mismo va cargado con su cruz. ¡Oh, inocente Cordero de Dios!, sacrificado en el tronco de la cruz, siempre sereno, pese a ser despreciado. Has soportado todos nuestros pecados. Sin Ti habríamos desesperado. ¡Compadécete de nosotros, Jesús!". Música de Bach esculpida es el Señor.

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