Contrapunto

Francisco / Javier / Gutiérrez /

Músicos y público sordos

LAS enormes bandas que intervendrán esta Semana Santa en Sevilla provocarán la pérdida de audición de más de uno. Los primeros afectados por este fenómeno son los propios músicos. Cuando termina la Semana Santa muchos llegan a sentir un pitido continuo en sus oídos.

La exposición a elevadas cantidades de sonido produce pérdida de audición irreversible. Pero éste no es un argumento para pedir que las bandas de música o de cornetas y tambores tengan que tener un número máximo de componentes. La Semana Santa del pasado procesionaba por calles estrechas y con estaciones de penitencia mucho más cortas que ahora. La cantidad de horas que duran las actuales procesiones, las calles anchas por las que transitan, y la gran afluencia de público, justifica que se necesiten formaciones musicales más numerosas capaces de producir más sonido y de resistir el esfuerzo físico.

Este problema también sucede en el mundo sinfónico. Las orquestas actúan en teatros cada vez más amplios y para más público. Eso ha hecho necesario orquestas más grandes e instrumentos musicales que proyecten mayor cantidad de sonido.

Las formaciones musicales no profesionales deben adoptar medidas de prevención ya de uso común por los profesionales. Es necesaria la colocación de pantallas acústicas en sus salas de ensayos y la utilización de tapones para los oídos. Aunque pueda sorprender, estos tapones son utilizados por los profesores profesionales que tienen situados tras ellos instrumentos muy potentes. Recuerdo cómo hace dos años el flautín de la Orquesta Filarmónica de Viena lucía unos llamativos tapones rosa en el tradicional Concierto de Año Nuevo.

El público también corre sus riesgos, sobre todo cuando en una calle estrecha tiene a 140 músicos de frente. Los músicos deben saber que el sonido de una formación debe estar equilibrado con el sitio donde se produce.

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