Crónica personal

Pilar Cernuda

Nacionalismos

MARIO Vargas Llosa ha vuelto a abrir la caja de los truenos, con sus consideraciones sobre los nacionalismos, en el discurso que ha pronunciado como premio Nobel de Literatura.

El escritor peruano español no ha dudado en afirmar que detesta toda forma de "nacionalismo, ideología o, más bien, religión, provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento". Por si no fuera crítica suficientemente ácida, incluso podría decirse que feroz, añadió que los nacionalismos han sido "causa de las peores carnicerías en la historia", "plaga incurable del mundo moderno, también en España".

Más claro… El presidente del Congreso acaba de expresar sus reticencias hacia el poder de los partidos nacionalistas, que marcan la vida política con su relevante presencia parlamentaria, a pesar de que otros partidos han tenido mayor número de votos aunque menor número de escaños debido a la Ley Electoral. Bono no ha dudado en abrir también esa caja de truenos al decir que había que cambiar la Ley Electoral. Se reclama desde hace infinidad de años por dirigentes políticos de diferentes ideologías y condición, para poner a los nacionalistas en el lugar que les corresponde y no en el que le colocan los gobiernos que negocian con ellos con una generosidad inconcebible, producto de que cuentan con una representación que no se corresponde a los votos que recaudan, lo que produce una situación de abuso; pero también habría que analizar la ley electoral por las injusticias que provocan las listas bloqueadas, que obligan a votar las listas tal como la presentan los partidos, en el mismo orden de preferencia, lo que evidentemente premia a quienes se muestran más serviles con la dirección del partido, no a los más capaces.

Pero Vargas Llosa no entraba en el aspecto de la presencia política de los nacionalismos en España, sino en su vertiente más irritante, la excluyente, la que defiende la identidad local frente a la nacional, la que en la defensa de lo identitario abomina de lo que es de todos. Cuando el escritor recuerda las guerras encarnizadas no hay que alejarse excesivamente en la historia, ahí está lo que ha ocurrido en Centroeuropa no hace ni dos décadas, con auténticos genocidios entre nacionalistas que pertenecían a la misma patria. Y aunque en España estamos muy lejos de llegar a esos extremos sí conocemos en cambio la cara más sectaria de los nacionalistas excluyentes y, por qué no decirlo, aprovechados. Aprovechados de una Ley Electoral que Bono, e infinidad de españoles que no son Bono, creen necesario reformar.

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