alto y claro

José Antonio Carrizosa

¿Nadie conoce a nadie?

PARTAMOS de una realidad empíricamente demostrada durante los últimos años en la política española: la corrupción, sentenciada o presunta, pasa una factura letal a la izquierda mientras que la derecha parece inmunizada contra ella. Así resulta que mientras el PP respira tranquilo y sigue subido en su ola triunfante con dos ex presidentes sentados en el banquillo por granujadas de variado pelaje y gramaje, aquí tiemblan los cimientos por el testimonio ante el juez del chófer de un ex director general que pone al descubierto lo que se intuía desde hace mucho tiempo: que el director general en cuestión había tejido en torno a sí y con las complicidades que un juez tendrá que valorar una red de delincuencia organizada para llevarse los fondos destinados a los parados. Ahora sale a relucir la droga y cuando procesalmente convenga saldrá el sexo. Al tiempo.

La cuestión es de una extremada gravedad y estalla en el momento que más daño puede hacer -con las elecciones a la vuelta de la esquina- y con la voluntad clara de apuntillar a un PSOE que ya está contra las tablas castigado por dos derrotas monumentales. Su capacidad de reacción a estas alturas no es que esté mermada, sino que es inexistente. Los intentos de los dirigentes socialistas, con Mar Moreno en el Gobierno y Susana Díaz en el partido, para ponerse al frente de la manifestación e intentar convencer a sus votantes de que fueron ellos los que denunciaron al corrupto resultan, cuando menos, patéticos. Por muchas razones, pero principalmente porque el que, al parecer, le daba dinero a su chófer para que comprara cocaína y con lo que sobraba se agenciara un piso y un terreno no tuvo, precisamente, un paso fugaz por la Consejería de Empleo. Años estuvo el pájaro administrando a su antojo los cuantiosos recursos puestos en sus manos por el Gobierno andaluz, metiendo en los ERE a quien le daba la gana y tejiendo la red que ahora sale a conocimiento público. No creo que nadie piense que eso se hace durante tanto tiempo sin complicidades manifiestas y sin que salte ni una sola señal de alarma. Dos consejeros tuvieron a Francisco Javier Guerrero en un puesto de máxima responsabilidad y confianza política cuando ya no era trigo limpio: José Antonio Viera y Antonio Fernández. Y dos presidentes dirigieron los Consejos de Gobierno en los que esos consejeros se sentaban: Manuel Chaves y José Antonio Griñán. ¿Nadie conocía a nadie? ¿Nadie sabía nada? ¿Nadie miró para otro lado?

Mal lo tiene Griñán para diseñar una campaña electoral con estos mimbres. Lo lógico es que en las próximas semanas el temporal arrecie. Por lo pronto, la juez Alaya, que no se ha caracterizado precisamente por hacerle favores a los socialistas, se ha hecho cargo también de esta parte de la investigación. Como se decía en los seriales antiguos, continuará.

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