Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Naranjo

PARECEN cuentos de posguerra. Los niños que merendábamos con bocadillos de salchichón y televisión en blanco y negro al atardecer teníamos que esperar quince minutos eternos de carta de ajuste, con ambientación sonora tirando a horrenda, entre la música clásica más fea y los cantos regionales más grimosos. A las seis y media aparecía el globo terráqueo que con el logo de TVE conducía a una cortina con jarrón ante los que se encontraba la empacada locutora de continuidad, que con un rictus de algo que parecía ser una sonrisa, tratándonos de usted, soltaba lo que los "telespectadores" íbamos a ver en la tarde y noche, como un Teleprograma parlante. Pilar Cañada, Isabel Bauzá o Eva Gloria eran algunas de estas chicas-señoronas que igual servían para el roto de un avance como para el decosido en off del "señoras y señores rogamos disculpen esta interrupción…". La presentadora más frescona, o eso nos parecía, bien podía ser Marisa Naranjo, a quien sus kilos de más nunca le debieron torturar e incluso posaba sugerente para las revistas del corazón. Por eso, tal vez, le salía el desparpajo sin querer.

A Marisa Naranjo la metieron una vez en una salita junto a la Puerta del Sol para que retransmitiera las uvas que daban paso a 1990 y la pobre no enteraba, con los petardos y la bulla, cuándo eran los cuartos y cuándo las campanadas: toda España se quedó con la fruta en la mano salvo los que estaban viendo alguna autonómica, porque entonces no habían llegado las privadas. No se lo perdonamos aún. Pero ella, en verdad, no tenía culpa.

Naranjo protagonizó una de esas grandes anécdotas tercermundistas de TVE que, los que la vivimos, llevamos en el cogote de la memoria. Este día 30 va a participar en la humorada chanante de Neox de las campanadas por adelantado. Antena 3 se fusiona así con nuestro pasado sentimental.

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