Crónica personal

Pilar Cernuda

'Niet'

NO. Niet. Zapatero dirá lo que quiera, como por ejemplo que el accionista mayoritario de Lukoil es un ciudadano de Estados Unidos y que, por tanto, está muy bien que Repsol venda parte de sus acciones a Lukoil, pero no está nada clara esa operación. Primera duda: o el presidente pretende engañar nuevamente a los españoles o le han informado mal, porque el accionista mayoritario de esa empresa energética es un ruso, íntimo amigo de Putin y que tuvo cargos políticos de la máxima relevancia en la extinta Unión Soviética, de infausto recuerdo. Por tanto, sería bueno que el presidente reconsiderase su posición inicial y preguntara a su ministro y amigo Miguel Sebastián por qué se opone a ella: quizá así encuentre argumentos sólidos para rechazarla, como la rechazan no sólo el titular de Industria, sino también un porcentaje mayoritario, masivo, de españoles.

Es, evidentemente, una operación que pertenece al ámbito del mundo empresarial privado, pero estamos hablando de un accionista ruso, y a nadie se le escapa que determinadas empresas rusas, sobre todo las que pertenecen a sectores relevantes, no mueven un dedo sin el visto bueno previo del Kremlin. Y, además, siguen al milímetro las instrucciones, que consideran órdenes, del Kremlin. Más aún cuando estamos hablando de un empresario que mantiene una estrechísima relación personal y política con Putin, el mandamás ruso a pesar de Medvedev, y que se deben importantes favores mutuos.

Zapatero intervino todo lo que quiso y más para cambiar el accionariado de Endesa, a pesar de que se trataba de una empresa privada. Apostó por Gas Natural y perdió y, una vez que la alemana E.On se interesó por la empresa española, hizo como que bendecía la operación mientras negociaba con el entonces primer ministro italiano, Romano Prodi, para que fuera la italiana Enel la que finalmente comprara con Acciona la empresa española. Es decir, que el respeto de Zapatero a la iniciativa privada es manifiestamente mejorable, por no decir que es nulo. Si mal está que una de las principales empresas energéticas españolas esté en manos de una empresa italiana de alta participación estatal, se ve con mayor inquietud aún que otra megaempresa española de ese importante sector puede caer en manos de un ruso amigo de Putin.

Y una reflexión última: sorprende la transformación de Zapatero. No deja de ser curioso que, para expresar su apoyo a la operación Lukoil, ponga como argumento positivo que el accionista mayoritario es un ciudadano de Estados Unidos. Lo primero, ya lo hemos dicho, es falso. Segundo: ¿desde cuándo Zapatero tiene esa visión tan positiva de algo relacionado con Estados Unidos? Es evidente que nos encontramos ante un hombre que respira según le conviene.

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