tomás Navarro

Niza como Damasco

EL mismo procedimiento empleado en ciudades como Damasco, Bagdad o Alepo ha sido el empleado en Niza. Los yihadistas buscan sembrar el caos allá donde actuar puedan. El camión no llegó a explotar pero embistió a los ciudadanos atropellándolos en un atentado salvaje y lleno de ira. Todo apunta al Estado Islámico o Al Nusra o a cualquier otra filial del terrorismo yihadista.

El terror sembrado en Niza es el mismo que se emplea a diario en Siria o Iraq y las víctimas duelen por igual… o debieran doler por igual. La geopolítica del caos sembrada en el Medio Oriente, donde los grandes negocios regionales se están dilucidando en un mapa maldito donde las potencias del área apostaron por la desestabilización de Siria en su camino para que Irán no se haga con el mando de la vieja Asia Menor, ya se ha demostrado que ha sido un gravísimo error.

Utilizar desde unas sociedades con graves tasas de desempleo, de educación y de igualdad a sus jóvenes como un ariete convirtiéndolos en mercenarios de un ideal podrido sigue siendo rentable desde que en Afganistán se utilizó por vez primera a facciones nihilistas islámicas contra el comunismo. La victoria de Al Qaeda, que no eran guerrilla de liberación nacional ninguna sobre el Moscú soviético, les dio alas al cultivo del yihadismo como arma de guerra.

La torpe aventura de entrar militarmente dentro de una guerra ilegal atacando a un Estado como era el Iraq de Sadam Husein ha terminado por gangrenar a todo el mundo arabomusulmán. No sólo ya es el Medio Oriente el espacio predilecto donde las facciones de un islam saudí cruel, degradante e inhumano se enfrenta a la modernidad islámica iraní, ahora también le salpica a Occidente dada su avaricia geopolítica con la que ha hecho de Iraq un Estado fallido.

Más si ese error de aventurarse en Iraq ya clamó al cielo del despropósito, los mismos agentes que intervinieron contra el Estado iraquí que mantenía bajo mano dura la unidad del país, se aventuraron por segunda vez en imponerle a Siria una guerra. Desde hace cinco años las ciudades sirias como Damasco, Alepo, Homs, Hama, Latakia o Palmira comenzaron a sufrir atentados como el de Niza. También los iraquíes de Bagdad, Mosul, Faluya o Basora llevaban sufriéndolos desde la invasión del Trío de las Azores. Pero Europa creyó que esas batallas se quedarían en suelo árabe. Al apostar por derribar al régimen sirio, Bruselas tropezó de nuevo en la misma piedra que Washington.

Fue lo que hicieron Londres y sobre todo París, aunque antes el presidente Sarkozy, hace siete años, invitó al jefe del Estado sirio, Al Asad, a la parada militar del 14 de julio en los Campos Elíseos. Cuando Hollande llegó a la Presidencia de la República, Francia inició junto con su socio británico una política contra Damasco apostando por el acoso y derribo del régimen sirio. Igual que el presidente turco, Tayyip Erdogan, en ese mismo tiempo cortejaba al Gobierno de Damasco con la paz entre vecinos y también con los kurdos independentistas del PKK que se dejaron de perseguir dentro de un acuerdo marco que paralizó la violencia en suelo turco.

Curioso que París con Londres y con Ankara al unísono rompiesen con Damasco y seguidamente se aliasen en la región con Arabia Saudí, Catar, Israel, Jordania para derribar de una vez a la única república laica árabe que subsiste en el Oriente Próximo desde la independencia del imperialismo británico y francés en la segunda mitad del siglo XX. Curioso que los que ahora ponen bombas en suelo europeo fuesen admitidos como "rebeldes moderados" durante cinco años en las cancillerías y diarios europeos. Fue hace dos años con el atentado contra un semanario satírico francés cuando el yihadismo enfocó a Francia entre sus metas terroristas. Y durante el último año curiosamente coincidiendo con el declive del Estado Islámico en suelo sirio e iraquí el yihadismo exterminador haya incluido también a Turquía y a la Arabia Saudí, antes sus padrinos, entre sus objetivos. Mal asunto para todos si no se termina ya con el EI, Al Nusra y todo el caldo yihadista que se cuece a fuego lento en la región. Pero mientras no se unan las fuerzas occidentales a las de Rusia, Siria e Irán, el terrorismo yihadista seguirá actuando y si eso sigue así es que hay intereses inconfesables, que los hay, para que el yihadismo terrorista siga siendo un actor necesario en el tablero del poder mundial.

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