Hoja de ruta

Ignacio Martínez

El Nobel rescata a Europa

JOSÉ Borrell cuenta que en el Instituto Universitario Europeo de Florencia que él dirige un alumno alemán de posgrado que le dijo: "Europa es la bola [de reo] que mi padre me puso en el tobillo para expiar las culpas de mi abuelo". A la bola, la Unión Europea para entendernos, le han dado el Premio Nobel de la Paz. En 2009 se lo regalaron a Obama a todas luces antes de tiempo, sin haber hecho nada para merecerlo. Tres años después, tampoco ha hecho méritos en absoluto. Y ahora se lo dan con un retraso enorme a la Unión Europea. Será para hacer la media.

El Nobel sale al rescate de una devaluada UE. Porque es la institución en sí misma la depauperada, no la Eurozona o los morosos países del sur. Y la crisis de la Unión se debe a que olvidó su origen y su destino. El origen fue la Segunda Guerra Mundial, la más sangrienta y mortal de las guerras de la humanidad: Tony Judt en su excelente libro Postguerra cifra en 36 millones y medio los muertos sólo en suelo europeo. ¡Más de la mitad de ellos, civiles! Y el destino era evitar que se repitiese una nueva guerra civil entre europeos.

El viejo Mitterrand recordaba en 1995 que Francia había hecho la guerra a lo largo de su historia contra todos los países que entonces formaban la Unión a 15, menos con Dinamarca. Un enigma para él: "Toda mi vida me he preguntado cómo es que no hicimos la guerra contra Dinamarca". El grupo de europeístas del Movimiento Europeo, formado esencialmente por democratacristianos y socialdemócratas, que lanzó la idea de la unión de las naciones europeas tenía por objetivo impedir nuevas contiendas. Cuando el 9 de mayo de 1950 Robert Schuman propuso en el Salón del Reloj del Quai d'Orsay la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero inició su discurso en nombre de la paz mundial. Y la operación tenía sobre todo un propósito de paz: poner en común la producción alemana y francesa de carbón y acero, la materia prima para fabricar armamento convencional, impediría un rearme como el de entre guerras.

Desgraciadamente la gravísima crisis económica mundial ha sacado lo peor de muchos países, de muchas regiones, de muchos líderes que no están a la altura de las circunstancias, ni de la herencia recibida por los padres fundadores. El egoísmo reinante hoy no era el espíritu de los años 50. Con el agravante de que tenemos una clase política en la Europa actual carente de la capacidad, energía e ideales de sus antecesores. Gobernados por un directorio que no se sabe quién lo compone, que no ha sido elegido, que no es transparente, navegamos sin rumbo cuando llega este premio.

Este Nobel tardío es en realidad aquellos padres alemanes y los franceses, italianos, belgas, holandeses y luxemburgueses de su generación que produjeron el invento que ha propiciado el mayor periodo de paz del viejo continente: la Unión Europea.

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