Crónica personal

Pilar Cernuda

Los Nobel

AQUÍ somos muy dados a lo superficial y bastante menos a lo que verdaderamente tiene enjundia, aparte de que somos los europeos más dados a la rumorología, como apunta un informe publicado estos días. Han estado entre nosotros veinte premios Nobel de Economía, Química, Medicina y Física invitados por el profesor Grisolía a los premios Jaime I, pero, en lugar de prestar un mínimo de atención a sus palabras sabias, nos dedicamos a hacer cábalas sobre lo que ocurre en el escenario político o a seguir las peripecias de algunos personajillos de escasa monta artística o cultural.

Entre los Nobel que viajaron a Valencia se encontraba Mario Molina, que ha investigado sobre la capa de ozono y los llamados agujeros negros. A Molina le correspondió leer este año el comunicado de los Nobel, que han propuesto proclamar el agua dulce patrimonio de la humanidad. El año pasado hicieron una encendida defensa del medio ambiente y el anterior de la tolerancia, y en esta ocasión prestaron toda su atención al complicado problema del agua.

Mientras media España sufría lluvias torrenciales, desbordamientos de los cauces e inundaciones catastróficas, la otra media se preparaba para la sequía, lo que aprovecharon los nobel para dar un toque de atención e insistir en que del agua depende el futuro de todos, países desarrollados y subdesarrollados.

Nunca palabras tan elevadas encontraron terreno más abonado. En este país nuestro vivimos en la incertidumbre en lo que al problema del agua se refiere. Hubo un gobierno socialista que quiso promover un plan de trasvases de la mano de José Borrell, pero no llegó a presentarlo. Luego el PP preparó un plan hidrológico nacional que recogía trasvases, infraestructuras, mejora de canalizaciones y una política de solidaridad interregional, pero no tuvo tiempo para llevarlo adelante, y cuando llegaron nuevamente los socialistas, una de sus primeras decisiones fue la abolición de ese PHN que provocaba problemas en algunas comunidades.

Hasta hace dos semanas, el gobierno de España, el de Cataluña y el de Aragón se negaban a pronunciar la palabra trasvase para denominar la canalización del agua del Ebro que desde Tarragona iba a ser enviada a Barcelona. Ahora, con lluvias que hacen innecesaria ese agua, o menos urgente, tanto las voces de Zapatero como de Montilla o de Marcelino Iglesias dicen "trasvase" con toda naturalidad. Los ríos se desbordan porque no existen infraestructuras que permiten su aprovechamiento, parte de los pantanos están medio secos mientras en ciertas regiones el agua se desborda o va al mar por falta de pantanos, y los expertos afirman que con el agua perdida en estos últimos meses se habrían paliado los problemas que sufren el sur y el levante español.

El agua es un elemento demasiado importante como para dejarlo en manos de los políticos. Quienes han sabido valorarla son los Nobel, que la declaran patrimonio de la humanidad. Pues claro.

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