Crónica personal

Pilar Cernuda

Nombres propios

ES una falta de respeto que en la primera reunión de los portavoces parlamentarios del PSOE y PP hayan dedicado parte de su tiempo a analizar la renovación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. No tanto como pretendía el PSOE, pero suficiente como para que infinidad de españoles se pregunten si efectivamente es más importante para el partido que gobierna, y para el principal partido de la oposición, negociar nombres que permitan tener su cuota de influencia en esa institución antes que abordar las cuestiones que de verdad preocupan a los ciudadanos: la Justicia.

El encuentro debió prolongarse el viernes porque Soraya Sáenz de Santamaría se resistió el jueves al compadreo de los nombres antes de analizar la reforma de la Justicia, pero finalmente sucumbió al juego de entrar también en la renovación del CGPJ, aunque consiguió al menos que ese segundo día se sentara junto a Alonso el ministro Bermejo, lo que daba un tinte más profundo a la cosa. Aun así, es chocante el empeño de los políticos en mantener la politización de las instituciones que deben velar por la buena marcha de la Justicia en lugar de tomar medidas que pongan punto final al caos que se vive ahora mismo.

El caso Mari Luz hizo sonar todas las alarmas, pero lo peor estaba por llegar cuando se demostró que el cúmulo de disparates, errores y negligencias que se produjeron en torno al asesino de Mari Luz eran moneda corriente.

Esta semana hemos visto un parricidio prácticamente "anunciado" en Guadalajara, y desde el CGPJ se filtra un informe de hace un año en el que la Inspección denuncia la situación que se vivía en ese juzgado, dando cuenta de la falta de medios, la falta de personal cualificado, la negligencia de algunos de los funcionarios sin la experiencia necesaria y el retraso exagerado de la tramitación de los casos. Por no tomar las medidas necesarias ante ese infome, idéntico a muchos otros que realiza constantemente la Inspección, es por lo que se han producido estos días crímenes horrendos que podían haberse evitado.

Que se renueven los órganos judiciales está bien, aunque estaría mucho mejor si la renovación viniera de la mano de una nueva fórmula de elección de los vocales de las instituciones que velan por la buena Justicia. La politización de esas instituciones es un hecho que roza el escándalo, sin que los partidos se rasguen las vestiduras ante el despropósito de que las decisiones de los órganos judiciales se produzcan en bloque, siempre en el sentido que interesa a los partidos que propusieron a los vocales.

Las primeras negociaciones entre PSOE y PP en esta nueva legislatura no puede ser un conchabeo para repartirse la influencia en el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional.

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