Tribuna económica

Manuel García-Ayuso / Profesor Titular De La Universidad De Sevilla

Normas contables sin fronteras

EN 1530, con ocasión de su coronación en la Corte Pontificia, el Carlos V pronunció un discurso en Español. Ante la airada protesta del embajador de Francia, el obispo de Mâcon, el Emperador respondió tajantemente: señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida por toda la gente cristiana.

La utilización de diferentes idiomas para transmitir las ideas o comunicar los acontecimientos ocurridos, dificulta siempre y, en ocasiones, imposibilita el entendimiento entre las personas.

La Contabilidad es el vehículo de comunicación que las empresas utilizan para poner en conocimiento de sus partícipes los principales acontecimientos que pueden tener una influencia significativa sobre el valor o la composición de su patrimonio. Desde los orígenes de la actividad mercantil, las empresas, como el pueblo del rey Nemrod, han hablado un lenguaje diferente en cada país.

Durante la última parte del siglo XX, la Unión Europea acometió un proceso de armonización de las normas contables de sus estados miembros mediante la emisión de Directivas. Lamentablemente, pronto pudo comprobarse que esa aproximación no conducía a la uniformidad, ya que existían múltiples opciones que daban lugar a notables diferencias en el modo en que la realidad se traducía a lenguaje contable de acuerdo con las normas vigentes en los distintos países de la Unión.

Las consecuencias que esto ha tenido para las grandes empresas europeas han sido importantes. El deseo de muchas sociedades de cotizar en los principales mercados de valores del mundo, especialmente el estadounidense, las ha obligado a utilizar, además del lenguaje contable europeo, el que hablan las empresas y los inversores estadounidenses, debiendo afrontar elevados costes para la reconciliación de su información contable con la que resultaría de aplicar las normas de esos países. A pesar de ello, la UE había venido contestando siempre a las críticas vertidas sobre su proceso de armonización contable del mismo modo en que Carlos V respondiera al obispo francés.

En este escenario, el International Accounting Standards Board (IASB), un organismo no gubernamental que lleva más de tres décadas elaborando normas de contabilidad, se ha convertido en el principal regulador contable al nivel mundial, merced al acuerdo firmado en 1995 con la asociación internacional de comisiones reguladoras de los mercados de valores (IOSCO), en virtud del cual sus normas son aceptadas por las bolsas de valores de todo el mundo. Ello ha llevado finalmente a la UE a abandonar su actitud carlosquintiana y adoptar como propio el lenguaje contable del IASB. Así, a partir de 2005 las sociedades cotizadas en los mercados de valores de los países comunitarios están obligadas a elaborar su información contable consolidada siguiendo las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF).

El último escollo para hacer realidad la armonización contable internacional ha sido superado hace sólo unos días. La comisión reguladora de los mercados de valores estadounidenses ha decidido aceptar como válidas las normas del IASB, eliminando la obligación de reconciliación que hasta entonces pesaba sobre las empresas extranjeras que las utilizaban para formular sus cuentas anuales.

En suma pues, a partir de ahora todas las sociedades cotizadas en las principales bolsas de valores del mundo hablarán un lenguaje único. Sin duda, las empresas, los inversores y todos cuantos vivimos en contacto con la información contable, estamos de enhorabuena.

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