La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Nostalgia de otro Viernes de Dolores

No es la primera vez y deseo que no sea la última que en este día recuerde a un amigo que se nos fue inopinada y kafkianamente en una noche de pesadilla. Un amigo que en este Viernes de Dolores abría su casa de par en par dándole rienda suelta a su verdadera vocación, que era la de anfitrión. Nunca jamás vi a una persona tan volcada en su vocación como se volcaba Enrique Fernández Asensio, un madrileño sevillanizado por influjo de Marisa, su mujer, y que lo mismo abría su casa en Reyes Católicos que en Bombita o en El Rocío y que en este Viernes de Dolores recibía a una legión de amigos, conocidos y arrimados que ni siquiera cabían dentro. Tal era el no hay billetes que la acera se ponía de bote en bote. No es la primera vez ni deseo que sea la última que en este día tan de vísperas recuerde la figura de un amigo que una noche se nos fue de forma inexplicable.

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