Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

Nubes y claros

POR un lado, el deslizamiento puntual de la prima de riesgo por debajo de la barrera del 300, de la mano de las promesas de tregua en la lucha contra el déficit y de relajación en las tensiones financieras. Por otro, la confirmación de que las cosas están mucho peor de lo previsto por el Gobierno y el anuncio de más recortes de servicios públicos y la posibilidad de nuevas subidas de impuestos. En definitiva, noticias esperanzadoras para la economía financiera, acompañadas de más nubarrones sobre la real, pero que deben ser analizadas conjuntamente porque se trata de diferentes imágenes de una misma realidad, con alguno de sus principales rasgos trazados desde el exterior.

Es el caso de la relajación en las tensiones financieras, cuyo origen está en la decisión del Banco Central Europeo de sumarse a la corriente cuantitativa de los otros grandes bancos centrales el mundo, consistente en ofrecer tanta liquidez como demande el sistema, mantener el programa de compra de deuda pública y la promesa de un nuevo descenso en el tipo de interés oficial. También se espera acabar con la soledad del euro en su escalada frente al resto de las divisas importantes y, de paso, frenar el deterioro de la posición competitiva de Alemania en los mercados exteriores a la Eurozona.

Si la economía financiera y la real son las dos caras de una misma moneda cuya principal diferencia está en la rapidez con que responden a los estímulos, cabría interpretar el actual armisticio financiero como el anticipo a los nuevos brotes verdes en la economía real anunciados en las últimas semanas por diferentes instituciones y personalidades del mundo empresarial y financiero. Es probable que la confirmación de que la economía española ya se ha contraído todo lo que el Gobierno esperaba para el conjunto del año obligue a moderar el optimismo, además de a revisar las previsiones de crecimiento, de ingresos fiscales y de gasto social, así como el objetivo de déficit. Un nuevo obstáculo, en definitiva, para que empresarios e inversores construyan sus expectativas y también el marco en el que hay que situar el anuncio de nuevos ajustes por parte del presidente del Gobierno. Deben interpretarse como una compensación a la comprensiva actitud de Bruselas con el incumplimiento del objetivo de déficit para este año y a la relajación en el compromiso temporal de consolidación presupuestaria. La parte negativa es que exigirá nuevos sacrificios que se justifican con el eufemismo de recuperar una competitividad perdida que, en las circunstancias actuales, sólo puede conseguirse por tres vías: abandono del Euro y depreciación de la moneda nacional que lo sustituya, nuevas reducciones en los salarios y un cambio radical en la orientación de la política económica de los países del centro y norte de Europa. Como de la primera vía hay que esperar más inconvenientes que ventajas y sobre la tercera no existe ninguna posibilidad de influir, hay que pensar que los ajustes van seguir recayendo sobre los salarios. El problema es que mecanismo está diseñado de forma que la presión sobre los salarios se origina en el mercado de trabajo en forma de aumento del desempleo.

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