Ojo de pez

pablo / bujalance

Nuevos peones

HACE unos días vi en televisión una entrevista con José Manuel Villegas, diputado de Ciudadanos por Barcelona, en la que insistía en una condición sine qua non exigida por su partido con vistas a posibles acuerdos de Gobierno: la consecución de un pacto de Estado en materia de educación. Se trata de una exigencia loable y necesaria; que España no cuente con este tipo de garantías constituye el rasgo más deficitario de su democracia, por cuanto el desarrollo social y cultural perdido con la absurda sustitución de leyes en las últimas décadas ya es directamente irrecuperable. En este sentido, no es menos triste que Unidos Podemos esté hablando tan poco de educación en esta campaña y que el PSOE se refiera únicamente a la derogación de la Lomce sin dar muchas pistas de las alternativas que baraja (si se trata de volver a la LOE sin más, mal vamos). Así que la introducción del asunto en las mesas de negociación habla, sí, en favor de Ciudadanos. Sin embargo, después de defender la urgencia del pacto, Villegas afirmó que el mismo es necesario para "mejorar la competitividad de la economía española". Incluso, al hacer referencia a la educación como derecho universal, apuntó al "derecho de todos a contribuir a esta competitividad". Ante tales palabras, uno sólo puede preguntarse: ¿de qué educación hablamos?

Y es que, de entrada, resulta escandaloso que un partido que decide llamarse Ciudadanos sea incapaz de distinguir entre ciudadanía y mercado laboral. Alguien tendría que explicarle a este gente, de una vez, que la educación no sirve para obtener un puesto de trabajo; el adiestramiento para el desempeño de un oficio es tan sólo una de las muchas cuestiones que entran en juego en el largo trecho que abarca desde la escuela hasta la universidad, y ni siquiera es el más importante. La educación, en su necesario enfoque instrumental, sirve para el reconocimiento de los individuos como ciudadanos, con sus derechos y obligaciones, con sus responsabilidades y aspiraciones. Su materia prima es el conocimiento, no la capacitación. Y su objetivo prioritario es aportar a la civilización personas: lo de que sean profesionales titulados responde a una consideración posterior. Los ilustrados comprendieron ya la importancia de que todo el mundo, independientemente de sus condiciones particulares, tuviese acceso a la educación; pero no para mantener a salvo la competitividad de la economía, sino porque a la misma civilización le iba la vida en ello.

Así que, si se trata de aportar nuevos peones al régimen, para eso ya está la Lomce. Los automátas eficientes no dan problemas.

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