la tribuna

Lourdes Alcañiz

Obama: cuatro años más

NO fue la victoria de 2008, pero Obama ha renovado su voto de confianza entre los estadounidenses. Los votos electorales, los que se conceden por cada Estado, estuvieron a su favor, pero el voto de los ciudadanos estuvo mucho más dividido. Una gran parte del país está altamente descontenta con la larga recesión y el hecho de que, aunque ha habido mejoras en el mercado laboral, la economía no acaba de arrancar. Pero el partido republicano no ha ofrecido una alternativa real en su candidato. Romney no ha sabido conectar con el electorado, y ha tenido gloriosas metidas de pata durante la campaña que le han costado bastantes votos. La más memorable: la grabación secreta en una reunión para recolectar fondos en la que decía que el 47% de los americanos no se hacían responsables de sí mismos y pretendían que el Gobierno se hiciera cargo de ellos. Duras palabras cuando el desempleo se ha mantenido a niveles récord durante los últimos años.

No solamente ha sido la incapacidad de Romney lo que ha ayudado al presidente a imponerse en las urnas, sino también dos factores claves en las últimas semanas: la ligera mejora en los datos económicos y cómo ha manejado Obama el caos causado en la costa este por el huracán Sandy. Nada como un desastre natural para aparecer al mando y tomando el control de la situación (o para destrozar las encuestas de popularidad, como le ocurrió a Bush durante Katrina). Con respecto a Romney, por la boca muere el pez, porque pocas semanas antes del desastre aseguró en una entrevista que se iba a llevar por delante FEMA, la agencia a cargo de desastres civiles, precisamente la que evitó un caos mucho mayor durante el huracán (Romney después se negó a responder a las insistentes preguntas de los periodistas sobre si realmente estaba decidido a desmantelar la agencia).

A lo anterior hay que añadir que el voto hispano ha sido un componente clave de la victoria de Obama. Un voto que Romney se aseguró de espantar con sus declaraciones de campaña sobre lo que haría con los inmigrantes ilegales si llegaba a la Casa Blanca. El candidato republicano afirmó que sus medidas iban a ser de tal dureza, que estos inmigrantes se iban a auto-deportar. No hay que olvidar tampoco que los trabajadores de la industria automovilística que Obama salvó le han devuelto el favor en las urnas. Estados claves, como Ohio, se decantaron por el presidente (ayudados también por desafortunados comentarios y anuncios de campaña de Romney).

Obama ha vencido, pero en el Congreso se mantienen las posiciones. La Cámara Baja cuenta con mayoría republicana, y ganan los demócratas en el Senado. Más de lo mismo: terca oposición republicana a cualquier iniciativa demócrata y batallas sin fin para aprobar reformas. Será interesante ver cómo digiere el Partido Republicano los resultados de estas elecciones, en los que, aunque ha habido un giro del electorado a hacia la derecha, no ha sido suficiente como para darles la victoria. Entre las razones, se apunta por ejemplo la estrategia de oposición recalcitrante, encarnada en su máxima expresión en el Tea Party. El discurso enfurecido del Tea Party no se ha aceptado por los electores como una alternativa política real.

Cuatro años más para Obama equivalen a que su reforma sanitaria siga adelante. Algo que ha tranquilizado a muchos. Frenar en seco la implementación del plan de atención sanitaria universal, como era el objetivo de Romney, tenía visos de crear muchos más problemas que de resolverlos, puesto que la masiva industria médica americana estaba ya caminando en esa dirección. Otro de los grandes temas pendientes en la agenda del presidente es la reforma de la ley de inmigración, un problema con el que han batallado presidentes de uno y otro partido durante décadas. Y por supuesto, qué hacer con el temido "abismo fiscal" que se aproxima, una combinación entre el aumento de impuestos proveniente de la era Bush, y los recortes presupuestarios automáticos que entrarán en vigor a principios de año.

En su discurso de aceptación, Obama resaltó que a pesar de las diferencias entre uno y otro partido, las esperanzas por un futuro mejor son compartidas por todos. Cómo llegar a ese futuro, a través de un congreso determinado a hacer de la oposición sistemática su forma de hacer política, será de nuevo el gran desafío del presidente. La primera prueba está a la vuelta de la esquina. Si demócratas y republicanos no se ponen de acuerdo en la batalla fiscal de las próximas semanas la amenaza de una nueva recesión es algo más que real. "Lo mejor está por llegar", dijo Obama en su discurso del martes. Veremos.

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