Valor añadido

Carmen Calleja

Obama, los negros y la enfermera

EL maestro Aguilar relataba hace pocos días el inteligente mensaje que Obama acababa de lanzar a sus hermanos de color: son ciertas las dificultades e injusticias que sufren por razón de su color; pero eso no es excusa para no hacer las cosas bien.

Con la enfermera que supuestamente causó la muerte del hijo de Dalila al confundir la vía enteral con la parenteral ocurre lo mismo. Partamos de la hipótesis de que los hechos ocurrieron así: una mujer, enfermera, equivocó una tarea sanitaria, justo después de haberla efectuado correctamente con otro bebé.

En defensa de la enfermera han salido sus compañeras de profesión, señalando que el responsable es el sistema. Es decir que dada la mala organización del servicio o el número insuficiente de personal, es fácil cometer estos errores. También lo ha hecho el Sindicato de Enfermería, anunciando demanda judicial contra el Gerente del Hospital por haber informado del hecho atribuyendo la autoría a la enfermera. También se ha hablado desde el feminismo para recordar que las mujeres, en general, y las enfermeras en particular, han vivido presididas por el rol de servir a los demás y de agradar. Todo lo anterior es cierto. Y servirá, eso espero, para mejorar las circunstancias en que trabaja la enfermería en su conjunto y las mujeres enfermeras en especial.

Pero, sinceramente, con estas explicaciones poca ayuda se presta a la enfermera concreta que cometió el fallo. Ni a las mujeres y profesionales, en general. Si seguimos transmitiendo que los errores se cometen porque siempre hay una causa exógena, será difícil que quien se haya equivocado no lo vuelva a repetir. Por otra parte, asumir la parte de culpa que tenemos en nuestras acciones equivocadas, no tiene porqué ser un trauma insalvable el resto de nuestros días. De lo errores se aprende, para no volver a cometerlos. Se asumen, se reparan en lo posible y se intenta poner más cuidado la próxima vez.

Nuestros jóvenes, estudiantes y profesionales, no pueden escudarse en el sistema para no asumir las consecuencias de sus actos y, sobre todo, para no corregir los caminos equivocados. Eso no quita que la organización o la sociedad en su conjunto no elimine trabas o no mejore procedimientos para no contribuir a esas equivocaciones. Si la enfermera no debía estar en un servicio tan delicado como el de los neonatos prematuros, mal por el Servicio de Salud de la Comunidad de Madrid. Pero si la enfermera colocó bien la vía a un bebé y al siguiente no, su error parece superable. O sea que debió haberlo hecho bien. Como le dice Obama a sus hermanos negros: estudiad, aprobad, no abandonéis los estudios. No os escudéis en el sistema para fracasar.

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