POR montera

Mariló Montero

Obligadas y obligados

OTRA vez con lo mismo. Seguimos sin reconocer el motivo que origina el problema. Así que continuaremos igual que siempre, ¡qué se le va a hacer! Pero, en fin, seamos optimistas al pensar que aumentará el número de aludidos.

Ha vuelto a publicarse un estudio en el que repiten -porque no revela ninguna novedad- que las mujeres se ven obligadas a elegir entre el trabajo y tener hijos. Que el 60 por ciento de las mujeres considera que la maternidad es un obstáculo para su carrera profesional y que el 16 por ciento abandona para siempre su empleo después de tener descendencia. Son dos de los datos que se destacan en uno de los capítulos de la Encuesta de Fecundidad 2006.

El artículo publicado dice que "el deseo de tener hijos de las mujeres que hoy están en edad reproductiva es el mismo que manifestaron sus madres décadas atrás. La diferencia es que entonces se tenían y hoy muchas mujeres se quedan sólo con el deseo". Tengo varias objeciones a dicho enunciado. Punto uno: el deseo de tener hijos debería adjudicarse a dos personas puesto que, a tenor de nuestra realidad social, son la inmensa mayoría de las parejas quienes aspiran a tener retoños, de modo que no debe adjudicarse únicamente a la mujer ese anhelo, sino a una ilusión surgida de dos. Bien es cierto que la mujer es la fábrica, pero la evolución científica alivia ese don. Sumemos a ello las adopciones y estudiemos ahora el por qué se ven obligadas a elegir, por qué se les quita el deseo de ser madres -si esto es un problema para quienes se ven "obligadas"-, o al contrario lo hacen por vocación. Cuando la pareja valora la posibilidad de engendrar, el sueño inicial por la llegada de un bebé eclipsa las futuras renuncias, los llamados "sacrificios". Noches en vela, baile de pañales, carritos que no caben en las aceras, enfermedades infantiles, adolescentes, noches sin salir, ajetreo escolar, griterío, médicos, problemas personales de los hijos… en resumen: vigilancia de por vida por la que el pleno tiempo de la soltería ha de convertirse en el pleno tiempo para ser padres. ¿Por qué, entonces, las mujeres no desean tener hijos? Porque cuando maduran el sueño, pierde su halo y deja al descubierto la realidad mencionada. Ellas, entonces, racionalizan la situación y prefieren -ante una maternidad desemparejada- posponer la maternidad para no renunciar a un derecho unisex: desarrollar su carrera en plenitud.

Otro error capital remachado tras repasar lo publicado de la encuesta: falta la opinión de los hombres ante esta situación. ¿Por qué creen que las mujeres pierden el deseo de ser madres? ¿Sienten responsabilidad por ello? ¿Se plantea el hombre la paternidad de la misma manera que lo hace una mujer? ¿O volvemos otra vez a lo del intransferible instinto maternal?

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