Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

Octogenaria, pero imparable

LA noticia ha pasado sin demasiada pena ni gloria pero, sinceramente, ni todos los días se suman en el calendario personal ocho décadas ni, mejor todavía, la persona que celebra tal acontecimiento es una estrella con la trayectoria, vital y artística, de Sara Montiel. Saritísima, la primera española en conquistar Hollywood; la más prolífica en amantes y maridos del star system nacional; la más hermosa y sensual; una de las más rompedoras… cruzó el pasado lunes el estrecho de Gibraltar y, de paso, se saltó como si nada la barrera de los ochenta. "Son muchos, ¿verdad?", bromeaba conmigo después de felicitarla. "Pero los llevo cojonudamente".

De viaje en Melilla, donde pasa de cuando en cuando temporadas de descanso desde hace seis años, la actriz está aprovechando para preparar junto a Armando, el maestro de la orquesta que la acompaña, un espectáculo con el que tiene intención de recorrer nuestra geografía a partir de mayo y hasta el mes de agosto para, en septiembre, reconquistar Madrid con su glamour de antaño.

Porque eso, a pesar de la edad y de llamarse Antonia, Sara, jamás lo perderá. Los americanos enarbolan a Elisabeth Taylor, los italianos a Sofía Loren y nosotros debiéramos presumir de esta incombustible señora cuyo "nuevo" amor, por lo visto, de "nuevo" tiene más bien poco. "Es la gente la que no sabía nada de él porque llevamos ya tres años juntos", me explica respecto a Juan, arquitecto que supera en cuatro la cincuentena y que, según se rumorea, vive en Sudáfrica y tiene dos hijos en China. "Tampoco le importa a nadie", concluía para, de seguido, explicarme con detalle cómo había transcurrido su cumpleaños. "El domingo cené con mis niños. Me regalaron muchísimas flores y una pulsera preciosa y, esta noche, me reuniré con el presidente autónomo de Melilla, su esposa y otros amigos. Seremos unas quince personas. Yo estaré aquí por lo menos hasta el veintisiete".

Por mi parte, después de haber escuchado este testimonio llego a la conclusión de que, igual que canta Raphael, en asuntos de intimidades… ¡qué sabe nadie!

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