En tránsito

Eduardo Jordá

Octubre

EL 19 de octubre de 1940, cuando los aviones alemanes estaban bombardeando Londres, George Orwell escribió en su diario: "Qué indescriptible depresión al encender la chimenea cada mañana con los periódicos de hace un año, y ver el resplandor de los titulares optimistas convirtiéndose en humo". Estos días de apuros financieros me he acordado de esta frase de Orwell. Y como Google te permite repasar los titulares de prensa sin moverte de casa, he ido rastreando los anuncios de beneficios de los bancos y cajas que ahora necesitan "una inyección de liquidez", por usar el lenguaje casi de toxicómano que utilizan sus ejecutivos.

El experimento es muy sencillo: basta teclear en Google "Beneficios 2007" y escribir a continuación el nombre del primer banco o caja que se nos ocurra. He cogido papel y lápiz y he anotado algunas cifras. Y aquí están los resultados. Una caja de las que ahora "necesitan una inyección urgente de liquidez" anunciaba el año pasado, en ese lenguaje de Nostradamus que usan los economistas, unos "beneficios netos consolidados" de 200 millones de euros. Otra caja anunciaba muy ufana, con el tono de esos cuñados eufóricos que se disponen a cortarle la corbata a un recién casado, unos "beneficios netos después de impuestos" de 300 millones. Otra caja más los contabilizaba en 385 millones. Y otra más no sólo anunciaba beneficios espectaculares, sino que se permitía este comentario displicente por parte de uno de sus directivos: "No son deseables las declaraciones que siembran inquietud sobre la situación económica". Esto lo decía en febrero de este año, hace sólo ocho meses. Qué vista.

Y hay que tener en cuenta que los beneficios de esos bancos y cajas se habían sucedido durante los diez años anteriores, de modo que no eran beneficios aislados. Pero ahora resulta que los titulares optimistas se han convertido en humo, así que los contribuyentes tendremos que apoquinar un mínimo de 50.000 millones de euros para "evitar el colapso" del sistema financiero, además de proporcionar avales por un valor de 100.000 millones de euros, que para nosotros vienen a ser algo así como cien mil años luz. Y lo peor de todo es que oímos cada día que "ninguna entidad está en peligro" y que "el sistema es fiable". Vale, de acuerdo: el sistema es fiable. Pero si es tan fiable, ¿por qué hace falta esa monstruosa inyección de dinero?

Y uno se pregunta qué ha pasado con los beneficios de los años anteriores. ¿Se han convertido en humo, como los titulares optimistas de los periódicos que no supieron prever la II Guerra Mundial? ¿O están haciendo una cura de reposo en un spa, como hacen las estrellas del rock después de una gira mundial repleta de excesos? Sería bueno saberlo.

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