hoja de ruta

Ignacio Martínez

Odios sumergidos

EL personal está deprimido, lo que no es para extrañarse. No le faltan razones. Pero tampoco es para deprimirse más todavía: el país más poderoso y rico de la tierra, Estados Unidos, es según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud el territorio con mayor número de deprimidos. Un investigador de Harvard lo atribuye a lo abierto del carácter americano, que hace más permeable su estado de ánimo. Esta teoría nos llevaría a la conclusión de que lo mismo que existe la economía sumergida, hay depresión sumergida. Eso reduciría el índice de nuestra depresión nacional. Los españoles somos un pueblo dado a hablar de nuestras emociones. Que se lo digan a Tele 5, convertida en líder audiencia por la afición de los nacionales a conocer pelos y señales de las pasiones ajenas.

Aquí no tendremos depresión sumergida, pero sí tenemos economía sumergida. Nada menos que el 20% de la actividad escapa al control de Hacienda. Aunque la economía oficial está bastante parada. Según los datos del Gobierno sólo dentro de cuatro años, o sea, en vísperas de las siguientes elecciones generales, el crecimiento del PIB estará en la zona del 2,5% y el paro se situará en lo que en España es normal, entre el 12 y el 15%. Lo que quiere decir que quien gane las próximas elecciones podrá presumir entonces de haber hecho una magnífica política económica que habrá puesto al país en la senda de la prosperidad y el empleo. Un cuento chino, los políticos no crean puestos de trabajo, sino el mercado y los empresarios. Pero presumen de hacerlo, cuando las cosas van bien.

Ahora que van mal, todo son hachazos al adversario. De tal forma que a veces adoptan posiciones que rozan la humillación. Resulta increíble que Aznar diga que Gadafi es amigo de Occidente, aunque sea extravagante. ¿Qué dirá su amigo Bush? Sólo se entiende este desvarío por el afán de meterle un dedo en el ojo a su odiado Zapatero, que ha entrado en una guerra contra el jefe de la banda que en 1988 derribó un avión de la Pan Am, en Lockerbie, con un saldo de 270 muertos. Con amigos así, no necesitamos enemigos. Hay odios que no son nada sumergidos.

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