La ventana

Luis Carlos Peris

Ojalá Malaver haya sido el último

BUSCA el año las tablas, pero en su huida se está llevando por delante una barbaridad de cosas y a un puñado de toreros. En el año que abolieron los toros en la ciudad donde más corridas se daba hace cuarenta años, el escalafón de toreros vivos ha sufrido y sigue sufriendo un menoscabo terrible. Pepín, Antoñete, Diego, Almensilla, Luis González, Manolo Carmona, no sé cuántos me dejo atrás y ahora Jaime Malaver, un algabeño que enamoró a la Maestranza con la mano izquierda. Lógicamente, de este torero hablo sólo de oídas, pero recuerdo cómo se rememoraban sus naturales y cómo una cornada la tarde de su alternativa le echó el freno a un sinfín de ilusiones. Ojalá sea el último torero que este lóbrego año de 2011 se lleva por delante, que hay que ver cómo de certero se está mostrando el puñetero y cuanta muerte lleva en sus astas de morlaco astifino, resabiado y duro de patas, muy duro de patas.

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