La ciudad y los días

carlos / colón

Olvido de Giner de los Ríos

LA publicidad institucional sobre el 28 de febrero es la mejor síntesis de la historia autonómica de Andalucía. ¡Qué cosa más bochornosamente cateta, ombliguera, autocomplaciente, chata, roma, plana, elemental! Propaganda para unos supuestos esclavos felices que sólo tienen cosas que agradecer a la Junta y al partido que hasta ahora ha sido su única tripulación -excepción hecha del grumete de IU- y sonríen ante unos idealizados fondos de blancas cales, laboratorios o bibliotecas. Qué contentos estamos todos. ¿Y lo que va mal? Culpa del PP que, como clamó la presidenta en su mitin granadino, "no está cumpliendo con Andalucía". Que durante seis de diez legislaturas nacionales hayan coincidido los socialistas en el gobierno nacional y el autonómico debe ser una anécdota. Por lo visto Aznar y Rajoy lograron sólo en tres legislaturas desbaratar lo que desde Madrid los socialistas habían hecho por Andalucía.

Sin embargo, la autonomía que se celebra con estos anuncios, tan eufóricos e idealizados que en comparación con ellos las películas de Doris Day parecen de Haneke, ha tenido, por voluntad de los andaluces, un único color político. El de un partido que durante más de 30 años ha representado y hecho lo contrario de lo que su historia y sus siglas representan. ¿No han hecho nada bien? Hombre, algo sí. Hasta los relojes parados dan la hora dos veces al día. Pero mucho, muchísimo menos de lo que sus siglas exigen y tan largo tiempo en el poder permite. Es llamativo que la Andalucía que dio al PSOE a Fernando de los Ríos y a Felipe González, claves en la vocación europeísta y democrática del partido -congresos socialistas de 1921 y 1974-, esté tan lejos de los ideales del socialismo histórico de raíces krausistas como de las modernas socialdemocracias.

Dígase esto en memoria de esos dos grandísimos rondeños que fueron Francisco Giner de los Ríos, uno de los creadores de la Institución Libre de Enseñanza que ningún gobierno socialista ha querido recuperar y cuyo centenario está pasando vergonzosamente desapercibido en su Andalucía natal; y su sobrino Fernando de los Ríos, el gran socialista al que Lenin le espetó el famoso "¿libertad para qué?", tras lo que se opuso a que el PSOE ingresara en la Tercera Internacional. ¿Qué tienen que ver estos andaluces con el actual socialismo? Nada. Este es el mayor problema que arrastra el PSOE, porque tiene que ver con su identidad.

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