Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Operaciones a corto

COMO los matones de barrio, y me excuso por la comparación, el jefe del Banco Central Europeo amaga con comprar deuda española e italiana sin límite y se calman inmediatamente los excitados mercados. Los matones las más de las veces no tienen que amenazar siquiera, su sola presencia hercúlea disuade a los rivales si son inferiores en número o en fuerza. Los ciudadanos corrientes estamos siempre a merced de fuerzas financieras mucho mayores en potencia. El que tiene un euro no sabe dónde ponerlo. Y al que no lo tiene, no se lo prestan. La Bolsa andaba a la deriva y la deuda pública pagando intereses disparatados. Y se han tomado algunas medidas razonables, como prohibir las operaciones a corto.

Bajo este nombre se esconde una práctica netamente especulativa: uno toma prestada durante un plazo una acción, paga una comisión por el alquiler y puede apostar a la baja, vendiéndola, para comprarla a un precio inferior y devolverla al arrendatario inicial. El año pasado en agosto varios países europeos prohibieron estas operaciones para valores financieros. España mantuvo el veto a las apuestas bajistas durante seis meses y lo levantó en febrero. Ahora lo decreta para todo valor bursátil. Es una práctica que debería estar prohibida siempre.

Lo cierto es que en el estado de depresión en el que se encuentra este país deberían estar prohibidas todas las operaciones a corto. Pensar en el corto plazo en la España de hoy conduce a la melancolía. Me gustaba aquella frase del Griñán de antes de la Presidencia, tan imaginativo: hay que utilizar las luces largas. Aunque un empresario amigo, muy sabio, me hace siempre la cautela de que para conducir de noche hacen falta las dos.

El ejemplo vale para todo. En política, Rajoy hizo una operación a corto, retrasando temerariamente los presupuestos de 2012, para intentar ganar en el Gobierno andaluz sin descubrir sus recortes. Griñán ha hecho una similar operación de luces cortas: el nombramiento de centenares de delegados de la Junta en las provincias ha esperado cuatro meses a que los jefes locales y regionales socialistas comprobasen su grado de adhesión inquebrantable en los congresos del PSOE.

Estas operaciones especulativas se hacen para el futuro, pero también sobre el pasado. Hace unos días la consejera de Fomento Elena Cortés anunció en Málaga que se reanuda la obra del metro, pero no se remata en el Perchel. Los vecinos y comerciantes de la zona protestaron por los 34 meses que llevan estas obras sin fin. Y Cortés respondió que Izquierda Unida no podía responder de lo que se había hecho antes, que ella lleva desde el 7 de mayo. O sea, que ejerce más de militante de IU que de consejera del Gobierno andaluz. Así, nuestros políticos se mueven entre la fidelidad incondicional al jefe y las próximas elecciones. Luces de posición; cortísimas. Deberían prohibirlas.

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