Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Oprobio en el Océano Índico

ANACRONISMO inconcebible que en pleno siglo XXI campen a sus anchas filibusteros como los que infestaban los mares antillanos hace cuatro siglos. Y si es anacrónico, si es como meternos en el túnel del tiempo para darnos con sucesores de Drake y demás piratas que andaban al acecho de los que surcaban la Ruta del Oro, más inconcebible resulta que el Gobierno español no tenga resortes como para que sus barcos no corran peligro de piratería alguno y, más aún, que no haya de plegarse a las exigencias de esos tipos. Y siguiendo con cuestiones de complicada comprensión, parece mentira que a estas alturas de la película, esa piratería cuente con el respaldo suficiente como para que un Gobierno como el español tenga que plegarse a sus exigencias y arreglar las cosas mediante el pago de un rescate que pertrecha y enriquece a esos malhechores.

Enigmática en su primera comparecencia la vicepresidenta del Gobierno sobre cómo se resolvió el secuestro del Playa de Bakio, con el paso de los días ha ido desliándose la madeja y la verdad es que el estupor da paso a una sensación de ignominia y de oprobio. Ominosa forma de arrodillarse ante unos piratas famélicos mientras la fragata Méndez Núñez vigilaba no se sabe qué. Bueno, sí se sabe, vigilaba que no fueran a volver a secuestrar al barco vasco, nuevo rescate incluido. Y de la misma manera que actuaban los piratas antillanos, el botín se lo repartieron en la mismísima cubierta del pesquero secuestrado a la vista de todo el mundo, incluso a la vista de esa fragata española que estaba al quite de que no se recrudecieran las hostilidades, pero para muy poco más. Zapatero ha explicado que todo se hizo así en aras a la bondad, con lo que califica eufemísticamente el ponerse de rodillas ante unos desarrapados por muy en terreno amigo que estuviesen delinquiendo.

Malas perspectivas de futuro para que un barco español se adentre por unas aguas ya tan procelosas como las de ese Océano Índico que puede calificarse como las Antillas del Siglo XXI. Se ha confundido la bondad con ponerse de rodillas y de ahora en adelante a ver qué barco español se adentra por esos andurriales. Y lo más gracioso de todo esto es que España no puede sentirse agredida por este asalto de los piratas somalíes, ya que no hay ni un solo pesquero vasco que lleve la bandera española enarbolada. Es más, en ningún puerto vasco puede verse una sola bandera de España, a no ser las de los barcos extranjeros que muestran la propia y la nuestra por encontrarse en aguas jurisdiccionales españolas. El Playa de Bakio, como todos los demás vascos, navegaba bajo la ikurriña y parece que dicha enseña crucífera no intimida mucho a la piratería; ni mucho ni poco.

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