La ciudad y los días

Carlos Colón

Optimismo activo

LES decía ayer, a propósito de la intervención de Zapatero en Oslo, que los buenos políticos no comparten, como es lógico, las privaciones que afectan a la población en los momentos más duros. Pero las compadecen y las afrontan con acciones concretas, analizando con objetividad hasta descarnada la realidad, comunicando sin contemplaciones la situación a la ciudadanía y generando a través de sus acciones de gobierno un optimismo realista y activo; y no, como es el caso de Zapatero, iluso y contemplativo. Querría ponerles dos famosos ejemplos de ese realismo que afronta con crudeza momentos excepcionalmente graves y lo comunica a los ciudadanos sin temor a asustarlos o a la impopularidad; porque también proponen medidas que, por duras que sean, generan un entusiasmo colectivo y un optimismo en acción capaces de derrotar el miedo, vencer el pesimismo y abrir el camino de la recuperación o la victoria.

Es el caso del New Deal (Nuevo Trato) con el que Roosevelt afrontó los efectos la crisis de 1929 bajo su famoso lema "de lo único que tenemos que tener miedo es del propio miedo". O, en circunstancias aún más trágicas, del famoso discurso de Churchill a la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940: "No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor". Lo que los ha hecho históricos no es su retórica, sino la correspondencia entre palabras y hechos, las medidas que se tomaron tras los discursos y los resultados que obtuvieron.

Roosevelt no se limitó a advertir contra el efecto paralizante del miedo, sino que ofreció medios para vencerlo, empezando por las tres erres de su programa: "Relief, Recovery and Reform" (Asistencia, Recuperación y Reforma). Churchill no se limitó a su realista y hasta aterrador augurio, sino que dio sentido a los sacrificios que pedía y los sufrimientos que anunciaba al añadir tras esas famosas palabras: "Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política? Os lo diré: hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar, contra una tiranía monstruosa".

No se trata de pesimismo u optimismo, de realismo o catastrofismo, sino de trazar rutas que vinculen el diagnóstico negativo a unas terapias que, por duras que puedan ser, ofrezcan la posibilidad de salir de esas situaciones, abriendo un horizonte de esperanza y dando sentido a los sacrificios exigidos. Lo contrario de lo que se ha hecho en esta España de cuatro millones de parados.

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