el periscopio

León / Lasa

Órdago a la griega

El Gobierno de Atenas ha estirado la cuerda hasta el límite y es posible que estemos cerca de que se termine rompiendo

DEL euskera hor-dago, "ahí está", o, más acertado, "ahí va eso". O lo que es lo mismo: a ver quién los tiene mejor puestos. Es a lo que parece que están jugando los griegos en su negociaciones con la Unión Europea desde hace ya meses, algo que empieza a hastiar al más paciente. Sabedores de que los mandamases europeos harán lo imposible por evitar la ruptura de la moneda única, los helenos han estirado la cuerda hasta los límites. Es posible que estemos cerca de que se rompa. El referéndum convocado para hoy domingo puede representar un antes y un después en todo el entramado de la construcción europea que tanto trabajo ha costado tejer. Lo que vaya a ocurrir a partir de este momento es un verdadero misterio, pero lo cierto es que nada volverá a ser como antes. Lo cierto es que la razón dicta que si los griegos no cumplen sus compromisos como deudores deberían de ser invitados a abandonar la moneda única (sentaría un mal precedente que no fuera así). Pero quizá también es probable que sea lo que los hombres de Tsipras estén buscando: la victimización propiciatoria de cara a su electorado que, además, les permita salir de la camisa de fuerza que es el euro y, de paso, orquestar un default en toda regla. ¿Por qué no? Todo recuerda, cada vez más, a los hechos que ocurrieron en la Argentina del año 2001. Pero aquí en la próspera Europa.

De la misma forma que en aquel tiempo se abogaba en Argentina por abandonar la paridad un dólar-un peso, devaluar la moneda y tomar medidas que impulsaran una economía al borde del colapso, cada vez son más -y más cualificados- los economistas que abogan por que Grecia, de forma voluntaria y ordenada, abandone el euro (la expulsión no está contemplada en los Tratados). Les traerá a los griegos, dicen, más ventajas que inconvenientes. Uno no debe permanecer en un club cuya cuota no puede pagar y cuyos miembros pertenecen a un universo con prioridades diferentes. Paul Krugmann defiende esta semana en el New York Times que el éxito de las políticas de austeridad en algunos países, "por lo general", llevan aparejadas importantes devaluaciones que hagan más competitivas sus exportaciones, como ocurrió en la misma Argentina o, más recientemente, en Islandia. Continúa señalando que siendo el Grexit un drama para la economía griega, no constituye a estas alturas de la película el peor de los supuestos posibles. Una vuelta de tuerca en las políticas de austeridad, como parece que le exigen desde la Troika, supondría, indica, el más que probable colapso total de la economía helena. Lo que sucederá a partir de hoy domingo en Grecia y, de paso, en el resto de Europa es una incógnita. Mientras, el oso ruso, agazapado y esperando, puede erigirse en el ganador estratégico de toda esta tragedia.

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