david Fernández

Paciencia

HOY no se sabe quién tiene más ganas de que llegue por fin el 25-M, si los candidatos o los electores. Los primeros ya tienen complejo de revisor de estación de autobuses de tanto mover a la tropa en autocares de un pueblo a otro. Sería bueno que un estudio certificara cuántas personas acuden a los mítines sin cobrar o sin el carné del organizador. Ni Rubalcaba ni Rajoy serían capaces de llenar las plazas de toros a estas alturas de campeonato por voluntad popular. No digamos ya el resto. Ni con la Pantoja de telonera. Por fortuna para las siglas, hay militantes y simpatizantes que ya son auténticos profesionales del discurso. Saben en qué punto aplaudir y cuándo callar, y muy obedientes ellos, no preguntan adónde van cuando suben al autobús. Pero en general, los andaluces desconectaron hace tanto que la mayoría no sabe a ciencia cierta qué se celebra el domingo. Hace 25 años la gente acudía a votar con ilusión. Ahora lo hace por obligación y menos mal, porque los políticos transmiten tanto como Torrente en concierto. Que se sepa, son muy pocos los que se ponen a criticar hoy día la ausencia de Arenas en el debate de Canal Sur. Y tampoco muchos pierden su tiempo hablando de las posibilidades que tiene el PSOE de ganar, cuando la mitad del partido piensa que el triunfo de la otra mitad es su ruina. Para distraer al respetable, los políticos hablan de la reforma del mercado laboral a todas horas. Como si de verdad existiera un mercado al que pudieran acudir los parados andaluces para buscar un puesto no ya de su especialidad, de cualquier cosa. En los mercados de verdad venden carne y pescado, frutas y hortalizas, pero en el supuesto mercado laboral, a lo sumo, el parado encuentra un portal de internet que ofrece cuatro días de camarero y tres de electricista a 200 kilómetros de casa. Hasta que la oferta no se aproxime a la demanda, PSOE y PP tendrán menos crédito que Pinocho en la barra de un bar. La tropa socialista disimula pero participa en esta campaña con el corazón partío entre oficialistas y críticos. Entre la vieja guardia que afila los cuchillos a la espera del 25-M para ajustar las cuentas y los que mandan. Muchos no saben si hay que ganar o perder. Y los populares circulan con más miedo que vergüenza pidiendo el voto: si pierden no habrá isla donde esconderse para algunos, y si ganan, les espera un duro camino. Ya saben, hasta el 25M: paciencia.

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