Visto y oído

Antonio Sempere

Paco Vegara

HACE tiempo había perdido la pista al Paco Vegara, uno de mis presentadores de cabecera. Dónde estará. A qué dedicará el tiempo libre. Así es que decidí llamarle y averiguarlo. Y a qué buena hora. Porque resulta que mi amigo Paco está en Bolonia, pero no en la Bolonia madre de todos los planes de las universidades, sino en la gaditana, cerca de ese rincón donde nació, Tarifa. Ejerciendo de maestro, tras regresar a una plaza que no pisaba desde hace veinte años.

Vegara me resumió su alegría con un argumento contundente. Ahora tiene una función y un público asegurado durante cinco días a la semana y nueve meses al año, lo cual es una verdadera panacea para alguien que se dedica a actuar en su más noble término. A comunicar.

Durante centenares de entregas tuvimos la oportunidad de ver a Paco Vegara, entregado, en concursos diarios de La 2, de Quatro al Rompecocos, mostrando sus tremendas dotes de comunicador incontenible. El que al menos temporalmente haya regresado a ejercer su vocación docente le garantiza doscientas actuaciones por año en las que hay unos grandes afortunados: sus alumnos, sorprendidos por lo que se divierten aprendiendo ("el año pasado no era así", le apostillan).

A veces, aun teniendo un número en la agenda, se hace difícil marcarlo. Por desuso. Por lo cómodos que nos hemos hecho con las relaciones virtuales y lo violentas que pueden llegar a resultar las telefónicas, que son más reales. Cuando llamas eres tú, es tu voz, en tiempo real. Y salvo que se trate de alguien de máxima confianza, corres el riesgo de que desde el otro lado del auricular se pregunten y hasta te pregunten que qué quieres. Como si quisieras algo más que hablar y comunicarte. Como si fuese extraño hacerlo porque sí. Sin pedir nada.

A qué buena hora desempolvé de la agenda el número de Paco.

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