Ojo de pez

pablo Bujalance

U n Pacto por la Cultura

HACE unos días presentó José Antonio Griñán el llamado Pacto por la Cultura de Andalucía, arropado por algunos de los creadores y artistas más importantes de la comunidad. Se trata de una verdadera declaración de intenciones de la que cabría destacar dos medidas esenciales: la reducción del IVA cultural, planteada como exigencia al Gobierno (que es quien tiene la última palabra); y la puesta en marcha de una ley de mecenazgo que permita a los consumidores obtener incentivos fiscales. Se trata de una iniciativa justa y necesaria que llega, sin embargo demasiado tarde. La respuesta a la subida del IVA, quizá el punto más urgente del pacto, va a rebufo de la que puso sobre la mesa el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, ya antes de que el incremento hasta el 21% se materializara, el pasado mes de septiembre. Monago es bien consciente de lo que significa el Festival de Teatro Clásico de Mérida para el desarrollo de su región (supo resucitarlo cuando todo el mundo lo daba por muerto poniendo al frente a las personas capaces) y no se cortó un pelo a la hora de prometer la aplicación del impuesto no superior a un 13%, echándose al Gobierno de su mismo partido al cuello.

Los acontecimientos posteriores le dieron la razón: sin movernos del teatro, los escenarios españoles han perdido más de un millón de espectadores desde septiembre. Los editores, con la venta de libros por los suelos, fueron recientemente explícitos al afirmar que España desprecia la cultura como motor económico. Y sí, todo depende de en qué medida consideremos que la cultura es una prioridad. Para que la Junta reaccionara ha habido que esperar un poco más. Pero, como dijo un emperador avispado, ahora podemos contar que lo hicimos.

Considero, no obstante, que a este pacto le falta un diagnóstico. Es cierto que asistimos a un panorama cultural andaluz empobrecido, con teatros vacíos, galerías extinguidas, devoluciones a mansalva en las librerías y una huida general del talento a otros territorios. Y sí, claro, gran culpa de ello lo tienen la crisis y el IVA; pero también una política cultural de la Junta que, por un lado, ha creado una excesiva dependencia de lo público (¿Mecenazgo? A buenas, horas, mangas verdes) y, por otro, ha hecho de su morosidad costumbre: ¿Cuántas compañías de teatro y danza, festivales, productoras y editoriales han desaparecido porque la Junta no ha pagado lo que había comprado, o lo ha hecho años después? Sin un pelín de autocrítica no llegaremos muy lejos.

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