Crónica personal

Pilar Cernuda

Los Pactos de la Moncloa

DURAN i Lleida y Josu Erkoreka han pedido a Zapatero algún tipo de acuerdo para superar los problemas económicos. Los dos políticos advirtieron que no se pueden reeditar los Pactos de la Moncloa del 77, pero el simple hecho de que pronunciaran esas cinco palabra indican que ese recuerdo está vivo, y más cuando las cosas están como están. De mal. Un dato: en algunos medios europeos empieza a decirse que España es el país que peor lleva la crisis y que si el Gobierno no actúa con suficiente energía y eficacia podría plantearse la posibilidad de tomar decisiones expeditivas, porque hay que impedir por todos los medios que el fracaso de la política económica española pueda perjudicar al euro.

Tienen razón Duran y Erkoreka respecto a los Pactos de la Moncloa. Nada que ver la situación actual con la de entonces, aunque también en el 77 la crisis llevaba a la agonía a la mayoría de los hogares españoles. Pero en aquel tiempo había una valentía política que no existe en la actualidad, y esa valentía se hacía extensiva a los agentes sociales, tanto a los empresarios como a los sindicatos, que velaban más por los intereses de todos que por los personales.

En aquellos tiempos un puñado de hombres de primera categoría -apenas había mujeres entonces en primera fila- trabajaban conjuntamente para sacar a España de todos los atolladeros, incluidos los económicos, y tenían además capacidad de tomar decisiones sin que la Europa Unida, entonces llamada CEE, pudiera interferir en nada porque España no pertenecía a ese grupo de privilegiados en el que deseábamos estar. También es cierto que si hubiéramos formado parte de ese grupo, las ayudas habrían llegado como agua de mayo, en lugar de realizar todos los cambios con los recursos propios, incluidas las necesarias infraestructuras o las subvenciones a los sectores más desfavorecidos.

No existía entonces el serio problema de la financiación de las autonomías, de una gravedad extrema a día de hoy, porque todas ellas pretenden barrer para casa sin importarle los efectos negativos que puedan tener en las restantes comunidades, ni existían nacionalismos que ponían alto precio económico a su apoyo al Gobierno central.

Los pactos de la Moncloa supusieron un hito en la historia -no en la historia de la Transición, sino en la historia de España-, marcaron un antes y un después, fueron un ejemplo de solidaridad, de sentido de la responsabilidad, de objetivos comunes, de trabajo bien hecho. Hoy la solidaridad entre regiones, entre partidos y entre personas brilla por su ausencia, los objetivos de los partidos son dispares, el sentido de la responsabilidad deja bastante que desear y cada dirigente tira para su negociado sin importarle empobrecer a los otros.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios