Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Padre sin hija, hija sin padre

CADA primer viernes de marzo tiene lugar el Vía Crucis que don Fadrique Enríquez de Ribera estableció en 1521 como réplica del Calvario del Señor en Jerusalén. Catorce estaciones entre la Casa de Pilatos, el cónsul de Roma que estuvo a punto de cargarse la Semana Santa, y el templete de la Cruz del Campo. El último azulejo de la estación muestra a Jesús en el sepulcro. El primer viernes de marzo fue día 7. Ese día terminaba por ley la campaña electoral. En el crepúsculo de los discursos, el país se amanecía con dos hechos luctuosos que nos estremecieron.

En el ágora por excelencia, la televisión, ota vez la tragedia griega. Una hija perdía a su padre. Un padre perdía a su hija. Ese mismo día yo unía mis rezos a los idus de marzo para que cuanto antes fueran identificados y detenidos los asesinos de Mari Luz Cortés y de Isaías Carrasco. El cadáver de la niña de Huelva aparecía ese día 7 en la ría de Huelva: después se sabría que fue arrojado entre los ríos Odiel y Tinto, en la antesala de los lugares colombinos. El militante socialista y ex concejal del Ayuntamiento de Mondragón era asesinado en la puerta de su casa en presencia de su esposa y de su hija cuando se dirigía a trabajar al peaje de la autopista.

El pobre Isaías, que había renunciado a su escolta al dejar de ser concejal, eclipsó la aparición del cadáver de la niña Mari Luz, que había canalizado una auténtica oleada de solidaridad por toda España. Es tremendo que unos padres alcancen consuelo en la aparición del cadáver de su hija muerta, esa chiquilla a la que los programadores televisivos no se cansan de resucitar de puro morbo y audiencia con los videos caseros en los que derrocha lozanía. En una edad, maldita sea, en la que los niños todavía no saben que un día van a morir. Bendita edad, tiempos dichosos, en el lenguaje del discurso de don Quijote a los cabreros. Es más tremendo que ese consuelo aparezca de nuevo con la detención del presunto asesino de la niña. Sus coartadas las desenmascara su historial delictivo. Lleno de pistas, de huellas, de indicios. Todos repletos de maldad, de veneno. Santiago del Valle le dio la vuelta a la hermosa carta de San Pablo a los Corintios: el mal espera sin límites, esconde sin límites, disimula sin límites, miente sin límites.

El calvario de Mari Luz y el de Isaías se juntaron aquel 7 de marzo. Igual que con el ruido electoral nadie se acordó entonces de Mari Luz, da la sensación de que ahora nadie se acuerda de Isaías. La tragedia que las sesgó unió sus vidas. Un Gólgota en Huelva, otro en Mondragón. Yo sigo rezando para que aparezcan los asesinos de Isaías, que le dio a su hija Sandra la fatal notoriedad que Mari Luz dio a su padre, el dignísimo caballero Juan José Cortés.

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