¡Oh, Fabio!

Luis / Sánchez-Moliní

Palabras raras

UNA de las herencias más nocivas de lo que George Steiner llamó "las mitologías sustitutivas de las religiones tradicionales" -el marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo- fue su afición al uso de palabras raras e incomprensibles para el común. El sueño ilustrado de un pensamiento limpio y terso degeneró en un intelectualismo que desprecia el diccionario y que continuamente hace y deshace términos a su antojo para intentar en vano ajustar la realidad a su visión del mundo. Vale que Marx, Freud o Lévi-Strauss levantaron catedrales conceptuales que, aunque ya se han arruinado, siguen siendo patrimonio intelectual de la humanidad, pero lo peor de su legado, insistimos, es el oscurecimiento de las palabras hasta hacerlas inaccesibles, algo que aún hoy levanta pasiones en el mundo académico y cultural de occidente.

Esta tendencia sigue dando sus nuevos y extravagantes frutos, el último de ellos, ya lo habrán adivinado, es heteropatriarcado. El palabro lo usó en un tuit el sublíder de Unidos Podemos, Alberto Garzón, para señalar urgentemente -cuando la sangre aún estaba tibia y el FBI apenas había empezado a investigar- a un culpable de la atroz matanza de homosexuales en una sala de fiestas de Orlando. Gracias a la Wikipedia, nos enteramos de que la palabra hace referencia a "un sistema sociopolítico en el que el género masculino y la heterosexualidad tienen supremacía sobre otros géneros y sobre otras orientaciones sexuales". Es decir, que estamos ante una definición del machismo de toda la vida, pero recubierta con la grasa de la pedantería intelectual y apostando por la criminalización de la heterosexualidad como actitud sospechosa. Los comunistas, que siempre han perseguido, encarcelado y humillado a los homosexuales en los países donde han gobernado, quieren aparecer ahora como el martillo de heteropatriarcas y otros peligros de la humanidad. No dudamos en absoluto de la sinceridad del líder más valorado por los españoles en su apoyo a la causa del movimiento LGTB, pero sí nos gustaría recordar cómo hace apenas unas décadas veíamos a dirigentes de Juventudes Comunistas justificar en TV el encarcelamiento de gais en la Cuba castrista.

Culpar al heteropatriarcado de los crímenes de Orlando es como culpar al matriarcado -organización social que, según muchos antropólogos, impera en los caseríos vascos- de los crímenes de ETA. Es decir, es una falacia, más si se hace sin ningún conocimiento de los hechos, sobre la marcha y a miles de kilómetros. Al tuit de Garzón le sobraba oportunismo y le faltaba rigor. Nada raro en campaña electoral.

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