Confabulario

Manuel Gregorio González

Pandora

EL ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, ha dicho que el referéndum británico es un error y que con él se abre la caja de Pandora; vale decir, el abultado cofre de los populismos. Con lo cual, parece que Mr. Cameron no pasará a la Historia como uno de los dignatarios más relevantes de su país, y sí como un señor que complicó la complicada situación del Reino Unido, cuando aún vivía azotado por la crisis. Ya sabemos, por Hesíodo, que la caja de Pandora no era propiamente una caja, sino un ánfora de la se vertieron la enfermedad y el mal, quedando en su fondo la esperanza. Pero el problema no es tanto, como dice el señor De Guindos, que Cameron haya destapado el ánfora de los demagogos, sino la existencia misma de la caja -la ominosa caja de Pandora-, que vuelve a entrar en agitación, después de medio siglo en calma.

Como ustedes saben, Pandora es la prefiguración pagana de nuestra Eva pecadora. En ambos casos se trata de una belleza pérfida y voluble, que trae la desgracia al hombre mediante un objeto (la vasija/manzana). Por fortuna para nuestro siglo, no hay ninguna belleza que encubra la mezquindad esencial de lo que De Guindos llama, sumariamente, populismos, y que cabría precisar llamándolos por su nombre: gregarismos. Lo que se ha vuelto a suscitar en Europa, con el agravante de la crisis, no es sino el ridículo prejuicio de la superioridad que se sustancia políticamente en el nacionalismo. Los discursos anti-europeos del antiguo alcalde de Londres, Boris Johnson, satisfacen la misma necesidad primaria, el mismo deseo hosco y tribal, que vuelve a latir en buena parte de la sociedad alemana, francesa, griega y española. Es también, sobra decirlo, el mismo motor que impulsa la candidatura de Trump y los fatigosos particularismos ibéricos. Pero es también, y en primer término, la tortuosa fantasmagoría que nos desplaza del terreno de la ley para abismarnos en el mito de la identidad, la épica y la sangre.

El modo en que se dirigen las hordas futbolísticas en la Eurocopa no hace sino traernos, deformado, el adagio de Clausewitz: "el fútbol es la continuación de la política por otros medios". Hay señores que se creen mejores que su vecino por un accidente administrativo, cual es el pasaporte. Y en España aherrojamos trabajosamente el sepulcro del Cid, para abrir el túmulo de Wifredo el Velloso. Ya digo que Pandora, al menos, tenía el tibio consuelo de su belleza. Pero qué belleza hay en la beatífica sonrisa de Oriol Junqueras.

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