Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Panhelenismo

EL panhelenismo es una doctrina puesta en marcha por las derechas españolas, con la fervorosa complicidad de los especuladores mundiales, consistente en moldear nuestro panorama económico y social para que parezca un calco del de Grecia. Ese proceso de asimilación se basa sobre todo en la mezcla de datos macro económicos auténticos con otros espurios, de cifras reales con otras inventadas, de diagnósticos fiables con otros procedentes de agencias interesadas y de la propagación, en fin, de un clima de derrotismo e inseguridad que extienda el miedo a todas las capas sociales y provoque la abdicación. La Bolsa y los calificaciones de las agencias de riesgo se han convertido en un chantaje cotidiano que tratan de dirigir al Gobierno.

El objetivo es económico y político: allanar el paso hacia el poder a las fuerzas conservadoras para que ensayen estrategias que favorezcan a los dueños del gran capital. El panhelenismo es la versión española del síndrome griego que azota a toda Europa. Los cánones de belleza de la Grecia clásica han devenido en manos de gentes sin escrúpulos y de los especuladores en modelos perversos para lograr el poder mediante la acrecentación de la incertidumbre. No basta con la pésima situación de la economía española ni con la parálisis que ha anquilosado al Gobierno durante meses. Es menester magnificar la desazón, extremar la incertidumbre con el propósito de que las muchedumbres tomen las calles, se produzcan muertos, ardan las viviendas y se extienda el caos para beneficio de quienes todos sabemos. Como en Grecia. La desesperación de los damnificados al servicio del caos. Algunos diarios conservadores tenían la ilusión puesta en que la reunión de Zapatero y Rajoy terminara no en un pacto sino en una abdicación del primero sobre el segundo. Los teóricos del cuanto peor mejor han encontrado en el desastre griego un prototipo excelente. Sin embargo, la situación española es lo suficientemente preocupante y dramática como para no necesitar amplificaciones. Debería haber bastado por sí misma para que los líderes de los dos principales partidos hubieran olvidado sus papeles, encontrado puntos de acuerdo más allá de sus predilecciones y los hubieran puesto ayer de manifiesto. Sin necesidad de los extorsionadores panhelénicos.

Pero no fue posible. Aparte del acuerdo sobre las cajas de ahorros -que aún tendrá que superar las reticencias locales, personales y partidistas en cada comunidad- los dirigentes del PSOE y el PP mantuvieron inamovibles sus posiciones. Zapatero volvió a sorprender con su optimismo inmoderado y Rajoy volvió a desgranar su programa de gobierno.

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