EL suelo de Sevilla es como una esponja de arena llena de agua, de ahí la dificultad de construir una estación de Metro como la de la Puerta de Jerez. En este símil, la obra equivaldría a introducir un vaso vacío en la esponja de arena llena del agua del manto freático: hay que ir dándole forma al vaso mediante una serie de pantallas y vaciar la arena del interior para dejar el hueco libre donde ubicar la estación. Justamente esa geometría compleja del subsuelo, de la que hablan los técnicos de las empresas constructoras del Metro, y la experiencia acumulada en los cinco años que dura ya la construcción de la línea 1, con siete incidencias sólo entre el Parque de los Príncipes y la Puerta de Jerez, más la comprobación del efecto demoledor de las gravas en la cabeza de la tuneladora, deberían haber sido tenidas en cuenta para haber extremado las precauciones durante las obras en la estación central. En su informe a la Junta de Andalucía, la UTE del Metro se exculpa de toda responsabilidad al calificar como "imprevisible" lo sucedido. Sin embargo, incurre en contradicciones evidentes. Si subraya la abundante presencia de agua por la cercanía del Guadalquivir y del Tagarete, había una gran probabilidad de que esa extrema proximidad propiciara la aparición de gravas incluso a 24 metros de profundidad. Si se hubieran realizado los sondeos adecuados, se hubiera detectado que el subsuelo era permeable, en vez de alegar ahora que ese tipo de terreno "no estaba previsto" en los estudios geológicos. También habla la UTE de un comportamiento "anómalo" del muro-pantalla. Si esa anomalía hubiera sido tal habría afectado a todos los muros-pantalla de la estación, pero el agua sólo se filtró a través del único tramo de muro realizado con mortero, bastante menos resistente que el hormigón. Como expresó gráficamente Jaime Raynaud en el Parlamento, era como "un papel de fumar" por carecer del refuerzo de hormigón armado que sí tenían los restantes. Así pues, el comportamiento del muro no fue anómalo, ya que su feble resistencia era acorde con las características del material con que fue construido; lo que fue anómala fue la ejecución del muro vencido por el agua, hecho demostrativo de que la del Metro de Sevilla es la única UTE capaz de chocar siete veces con las mismas gravas.

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