Crónica levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

Paradojas UE

EUROPA es la Grecia del segundo siglo antes de Cristo, pero es el único antídoto para que la piel de toro no sea un matadero con olor a orín. Se puede ser euroescéptico, pero no aislacionista. No es que en Europa se "decidan muchas cosas", que es el mantra contra la abstención, es que la única soberanía real que le queda a España es el derecho a descolgarse del club sin guerras ni malos rollos. En comparación con nuestro Senado, la Comisión Europea tiene un poder infinito, porque el de nuestra Cámara Alta es cero, y cualquier número divido por cero es infinito. El Banco Central Europeo es el guardián de una ortodoxia que cambia al ritmo del interés de Alemania. Tan grande es el poder de la UE que violó lo imposible: cambiar la Constitución, en verano y sin pasar por las urnas. Vale, si esto va a ser así, reclamemos mayor democracia, y vayan pensando porque esta construcción constitucional sí que es complicada. Por ejemplo, Miguel Arias, que se presenta por el PP, puede perder las elecciones europeas, pero, aun así, sería el comisario que España nombrase en el Ejecutivo de Bruselas porque es una potestad del Gobierno nacional. Su riesgo personal es tremendo. ¿Un comisario popularmente desautorizado? Ahora se comprende por qué Jean Claude Juncker, candidato a presidir la Comisión, no se presenta a las elecciones por Luxemburgo.

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