la ciudad y los días

Carlos Colón

Paradojas sevillanas

EL discurso más conservador, reaccionario, rancio y anticuado sobre la ciudad es el que mantiene hoy posturas que pudieron ser modernas hace 50 años o hasta un siglo. Es decir, el de quienes se tienen por modernos, progresistas y vanguardistas porque repiten hoy lo que dijeron quienes lo fueron hace muchas décadas. El conservadurismo progresista, el reaccionarismo moderno o el estatismo vanguardista son las paradojas más típica y folclóricamente sevillanas que existen. Ríanse ustedes de los capillitas con patillas o de los guardianes de las esencias. El sevillano más inmovilista es el que en 2011 considera el no va más de la modernidad y la vanguardia lo que lo fue hace muchas décadas.

Moderno es lo perteneciente al tiempo de quien habla o a una época reciente. La vanguardia es la avanzada de un grupo o movimiento ideológico, político, literario o artístico. Progreso es avance, adelanto y perfeccionamiento. Difícilmente se puede sostener que un proyecto torpe que supera en un 70% su presupuesto inicial, al poco de ser inaugurado plantea problemas de acabado y mantenimiento, privilegia lo ornamental sobre lo funcional y se impone brutalmente a su contexto sin dialogar con él pueda ser considerado avanzada de un movimiento artístico o muestra de adelanto y perfeccionamiento. Por ello calificar el Metropol Parasol de moderno, vanguardista y progresista es una de las más sevillanas formas de ser reaccionario.

Una de las estrategias de este reaccionarismo progresista o inmovilismo vanguardista hispalense consiste en extender las calificaciones positivas de las "setas" como vanguardistas símbolos de la modernidad a quienes las aplauden. Los valores de modernidad, progreso y vanguardia no son así propios del edificio -que más bien carece de ellos- sino sobre todo de quienes lo ensalzan. Para ser moderno, progresista y vanguardista en la Sevilla de 2011 hay que decir que las "setas" son -como alguien ha escrito- "un icono e hito de la Sevilla del XXI que convive ya de tú a tú con los otros hitos de la ciudad". Esta adhesión inquebrantable que pasa por alto detalles nimios, como el escandaloso sobrecoste y la desproporción entre presupuesto (más de 20 mil millones de pesetas) y resultados, basta para pasar por defensor de una Sevilla abierta y de progreso, Perseo vencedor de la petrificadora Medusa inmovilista.

¿Habrá algo más catetamente sevillano que este hispalense inmovilismo de adhesión a un régimen que fosiliza los necesariamente cambiantes conceptos de modernidad y vanguardia, haciéndolos depender del color político de la autoridad que construya el adefesio?

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