por montera

Mariló Montero

Parece que fue ayer

HAN crecido. ¡Y de qué manera! Casi sin darnos cuenta, han cumplido ya los 21 años. Y parece que fue ayer, cuando aún llevaban su mochila al hombro, camino del colegio: lapiceros nuevos alineados en el estuche, un ídolo de colores pegado en la carpeta, un ilustre bocadillo de plata, mil sueños bajo el húmedo flequillo, restos inoportunos de alguna pesadilla alojados en el pecho y la nerviosera de reencontrarse con los amigos y la nueva seño en clase.

Les aguardaba un mundo lleno de sorpresas: hechizos, magos, arpías, unicornios, basiliscos, centauros, chupasangres, laberintos, cancerberos, elfos, gusarajos, hipogrifos, dementores, babosas de fuego, chizpurfles, colacuernos, duendecillos y mil sucesos extraños alojados tras el espejo de la fantasía desbordada de una sencilla ama de casa (ahora escritora multimillonaria) llamada J. K. Rowling. Hablo de Hogwarts, claro. Me refiero a Harry Potter y a Hermione Granger. O sea, perdón, que me hago un lío: me refiero a Daniel Radcliffe y a Emma Watson.

¿Los han visto? Parece que fue ayer, pero han pasado once años. Han crecido al compás que nuestros hijos, cuando los repeinábamos o les hacíamos la cola de caballo y les convencíamos a duras penas de que se tomasen el desayuno. Ahora, aquellos dóciles inconsecuentes que nos desarmaban con una risa, con un desplante, con una pregunta o con un simple beso de buenas noches, han crecido. Veo a ese Radcliffe y a la Watson y es entonces cuando siento la nostalgia, el calambre inesperado de ver a mis propios hijos convertidos en adultos; o casi. Ellos, y nosotros, hemos atravesado estos once años de la mano de los Potter y sus amigos. Algunas diferencias hay, como es obvio. A los 18, Harry (o sea, Daniel) superó una crisis de alcoholismo. Ha optado por dedicarse al teatro y acumula una fortuna de 30 millones de euros. Hermione (es decir, Emma) tuvo que tirar de buen gobierno y amor propio para no perderse en los recovecos alienantes de una fama capaz de devorar estrellas mayores que la Polar y el sol juntas. Continúa sus estudios de Historia en la Universidad de Brown y los simultanea con el cine y con fugaces incursiones en el mundo de la moda.

Pero nada de eso es lo que me importa en este instante, sino la capacidad evocadora de esas dos figuras cinematográficas, capaces de trasladarnos al largo recorrido de alegrías, de ilusiones y proyectos que hemos compartido con nuestros hijos en todos estos años. La vida entrelazada con los personajes de ficción. El apasionado romance que vivimos con ellos desde que se posaron en nuestros brazos. Nuestros héroes de carne y hueso. Nuestros hijos.

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