Visto y oído

Antonio Sempere

Paréntesis

LOS caprichos del calendario provocan que este país se paralice, a partir de hoy, durante tres semanas. Cuando aludo a parálisis me refiero a las escasas posibilidades que existen en encontrar a la persona deseada junto a su mesa de trabajo marcando un número de teléfono fijo. Teniendo en cuenta que la programación docente se pauta por semanas, está claro que en lo referente a educación también las próximas tres semanas quedan en barbecho. Las aulas universitarias, ay, ya están vacías.

También las televisiones se transforman de aquí al 12 de enero. Se hacen más familiares, dicen. La verdad es que a muchos programas de los que incomparezcan, de cuyo nombre no queremos acordarnos, no les vamos a echar de menos. A otros sí. Por ejemplo a los de 'Tras la 2', que ya se han ido con la música a otra parte. Con un dato a tener en cuenta. Los jefes Georgina Cisquella y Antonio Parra se prejubilan y no volverán en enero. Y uno se pregunta por enésima vez, *pero cómo puede retirarse un profesional en el mejor momento creativo de su carrera?

Los que no vamos a librar de aquí al 12 de enero somos los periodistas. Los que publicamos periódicamente. Diariamente. Una tradición ancestral española dicta que el 25 de diciembre, el 1 de enero y el Viernes Santo no haya periódico. Da igual. El periodismo es una actitud. Una necesidad. Y una condición. Como la de ejercer de padre o de maestro. En esas labores no hay vacaciones ni puentes que valgan. Escudriñaremos el discurso del Rey tratando de leer entre líneas. Seguiremos la gala de Raphael, a Flo y a Josema, a Paula Vázquez y a Carlos Sobera, por si les pillamos en un renuncio. Cotejaremos los resúmenes del año de las distintas fuentes. Veremos todo para poder contarlo. Y para que si tienen a bien, mientras descansan, le den un vistazo.

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