Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Parón a un tipo nuevo de timo

No podía ser lógico que el éxito del Cádiz convirtiese al Córdoba en víctima de una negligencia ajena

SIENTO en el alma el descenso del Cádiz a Segunda B. Ni la ciudad ni su entusiasta e ingeniosa afición se lo merecen. Es más, creo que la categoría natural del club amarillo es la Primera División, pero no cabe la menor duda de que hubiera sido una monstruosidad que la reclamación cadista hubiese tenido efectos colaterales tan trascendentes como el del descenso de otro andaluz en vez de él. Una cosa es la letra y otra el espíritu de la ley y el hecho de que haya imperado esto último es bueno para el fútbol porque, entre otras cosas, elude un precedente de incalculables consecuencias a la hora de amañar partidos.

Malhaya lo mal que se han hecho las cosas en el Cádiz para que el equipo se haya despeñado y comprendo a la perfección ese esfuerzo postrero por evitar el descenso. Al Cádiz le asiste todo el derecho para evitar la catástrofe que significa caer en el pozo de la Segunda B, pozo que se conoce a la perfección en la Tacita y del que se ha tratado de huir demasiado tarde. Si el club de Antonio Muñoz hubiese puesto en el curso el mismo empeño, por supuesto que con el mínimo exigible de orden, el descenso no hubiese sucedido al objetivo primigenio, el del ascenso. Pero el empeño, loable, llegó tarde y tampoco podía ser que el éxito se llevase al Córdoba por delante.

Ahora vendrán los recursos y quién sabe si en alguna instancia sale ganando el Cádiz, pero que no toquen al Córdoba. Y es que como siempre habrá un perdedor, que fuese el Hércules el que pague la negligencia y no los blanquiverdes del Arcángel. Se ha evitado un precedente pavoroso desestimando el recurso cadista, el de que no se pueda arreglar un partido mediante una alineación indebida. Consistiría en ponerse de acuerdo con el rival de esa guisa, alineando indebidamente a un futbolista, si la cosa sale bien y gana el amenazado no pasa nada, pero si pierde éste se reclama y a vivir que son dos días. Afortunadamente se evita una nueva fórmula de compraventa.

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