PASA LA VIDA

Juan Luis / Pavón

Pasa la vida: 'Gaviño padre burla a la Justicia y Gaviño hijo agrede ante la Policía'

LA reiterada ausencia del empresario Eusebio Gaviño en el juicio por el caso Camas es una mezcla de esperpento y tomadura de pelo. Cuando tuvo lugar la instrucción sobre la presunta operación de soborno a una concejal camera para maquinar un pelotazo inmobiliario, Gaviño ya dio sobradamente la nota con desmayos, vahídos, ansiedades, depresiones y otros malestares que siempre coincidían con las citaciones. Fue el único de los imputados que continuamente alegaba no estar en condiciones de prestar declaración. Costó lo suyo que cumpliera con su obligación. Pasan los años, llega el juicio sobre hechos acaecidos en 2005, y Gaviño vuelve a alegar reiteradamente mal estado de salud para no retratarse en la sala, hasta el punto de bloquear el desarrollo del proceso. ¿Se imaginan que estuvieran exentos de comparecer ante un tribunal todos los ciudadanos que tengan recetada una medicación?

Su estrategia resulta estrambótica, los médicos han corroborado que está en condiciones de intervenir. Y él, si quiere morderse la lengua, puede acogerse al derecho a no declarar. Incluso cuando suene la grabación en la que se le escucha como intermediario del ofrecimiento de dinero a cambio del voto en el Pleno. Parece que no domina el vértigo de estar callado, sobre todo cuando hay mucho en juego.

Comprendo que Eusebio Gaviño esté nervioso. Un jurado popular acaba de declarar culpable por corrupción a tres acusados en el caso Mercasevilla. Es probable que él también estuviera nervioso hace siete años, cuando participaba en esas reuniones tan interesadas en el urbanismo de Camas. Pero el juez González no debe consentir, ni a Gaviño ni a nadie más, que se burle de la Justicia, creando un precedente aprovechable a tutiplén por otros encausados.

En este país donde lo que más se torea es el cumplimiento de las normas y el recto proceder, al patético espectáculo que dio ayer Eusebio Gaviño hasta ser expulsado del juzgado, le tomó el relevo un hijo, en las inmediaciones de la Audiencia, insultando y agrediendo a un fotógrafo de prensa, a la sazón nuestro compañero Manuel Gómez. Lo más escandaloso no es la impresentable actitud del colérico vástago, sino cómo dos policías nacionales se desentendieron de la agresión que estaban presenciando. ¡Si hubieran atacado a un famoso, qué rápido entrarían en acción los agentes para poner orden y quedar bien ante los testigos y ante sus jefes!

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