La ciudad y los días

Carlos Colón

Pasa la Macarena

ES la Macarena quien hace Sevilla, no Sevilla la que hace a la Macarena. Sevilla la hizo y le dio vida a través de los Basilios y los hermanos del barrio que acabó dándole a la Virgen su nombre por apellido. Pero la hizo tan bien, volcando tanto su alma en ella, que le dio -piedra y cal- la grandeza de sus palacios y la gracia de sus barrios, lo imponente de sus inmensas iglesias barrocas y lo acogedor de sus parroquias mudéjares; y le dio -mármol y geranio- la gravedad de los siglos y la levedad de la vida. Haciendo de la Macarena su alma como hizo del Gran Poder su corazón.

Por eso la Macarena hace Sevilla allí donde esté. No nos confundamos. No son Sagunto, ni Pozo, ni Parra, ni Relator, ni Escoberos, ni Feria las que hacen a la Macarena, aunque sus vecinos de antiguo hicieran su Hermandad, sino Ella quien da a esas calles su vida y su alma. ¿Imaginan San Lorenzo sin el Gran Poder? ¿Una plaza vacía y muda cuando el reloj de la torre diera la primera campanada de la Madrugada? Pues tampoco es imaginable una Resolana sin Macarena, un Arco bajo el que no pasara la Esperanza, unos Altos Colegios que no le marcaran a la proa de plata de la cofradía la derrota que la pone rumbo a Sevilla por el mar de la Feria, una Resolana desierta en la medianoche del Jueves Santo o unas calles que, de San Juan de la Palma a Fray Luis Sotelo, no resucitaran cada año cuando por ellas, como dijo en música Gámez Laserna, pasa la Macarena.

Porque es su alma, la Macarena hace de Sevilla su casa, su barrio y su templo. Y casa, templo y barrio suyo serán las anchas y largas avenidas nuevas rotuladas con nombres de macarenos mártires -¡qué emoción para quienes te quieren y te recuerdan, Alberto, que por tu calle pase la Esperanza!-, la Glorieta Olímpica o el Alamillo. En cuanto al estadio, las Hermanas de la Cruz lo harán convento y Basílica la Esperanza. Por no hablar de su vuelta por tierras que son suyas porque allí estuvieron las huertas, allí está el Hospital de su nombre y de los portales de sus bloques salen cada Madrugada terciopelos y merinos.

La que entibia el frío de la Madrugada, ¿no habrá de entibiar los paisajes que esta noche atravesará? La que derrota distancias y cansancios, arrastrándonos tras Ella hasta que las puertas de la Basílica se cierran, ¿no habrá de derrotar avenidas, puentes y extrarradios? ¿No suele decir alguien que de esto sabe que la cofradía de la Macarena es un monumento vivo de religiosidad popular? Pues salga en buena hora ese monumento a mayor gloria de Dios y de las Hermanas de la Cruz, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide.

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